En Zapala – Parte 2: Arroyo Guayapa

-“¿Vamos camino a Primeros Pinos, que antes de llegar está el arroyo Guayapa en plena estepa?”, dijo Caro.
-“Me convenciste”, respondí.

Llegamos un rato antes de la hora dorada, con tiempo suficiente de caminar y buscar un buen lugar para las fotos del atardecer.

El arroyo Guayapa tiene uno de los rincones más lindos que haya visto: Es una escalinata de rocas sobra las que escurre el agua hacia un pozón… Lamentablemente no pude sacar ninguna foto buena de ese lugar, pero lo recuerdo como si estuviera caminando por ahí. Voy a volver en algún momento.

A partir de ese punto comenzamos a desandar el camino pero desde la otra margen, porque un cerro había bloqueado al sol y queríamos un lugar bien iluminado. Lo encontramos en un mallín cerca de ahí:

Cortadera en la estepa neuquina. Arroyo Guayapa

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En Zapala – Parte 1: Desde la ciudad

“Si consideramos que se encuentra al pie de la cordillera de los Andes y enclavada en el último escalón de una alta meseta, es fácil imaginar las inclemencias climáticas que debieron soportar los colonos de aquellos tiempos, cuando el macizo andino durante todo el año se mantenía bajo un grueso manto de nieve […]. Del viento, la nieve y los intensos fríos era el reinado de diez meses cada año. En los dos restantes llegaba una cálida estación que se parecía un poco al verano […]. Después que pasaban los vendavales se descargaban copiosas nevadas que en pocas horas dejaban las calles cubiertas por un manto blanco […] las que eran seguidas por crudas heladas que no permitían el descongelamiento […]. Pero, si éste era el peor momento climático que soportaba el caserío, no sería mejor el que vendría: cuando el viento en veloz carrera llega a tomar su turno […]. Así era Zapala, hostil, montaraz. Una fina feta de verano dentro de un emparedado de viento y nieve”.

Descripción de los primeros años de la ciudad, que hace José Ramos en el libro Zapala, semilla y surco (Ferrari y otros, 1996)*.

Luis Sapag, en su libro “Sapag, del Líbano a Neuquén”, cuenta que el nombre Zapala viene de la unión de dos palabras de la lengua mapuche, “chapad”, que significa barro, y “la”, que significa muerte. Podría interpretarse como “pantano mortal”.

Estas características hicieron difícil la vida a los que se establecieron hace más de un siglo en esa región. Pero estas dificultades han opacado en mi opinión el entorno natural bellísimo en el que se encuentra la ciudad. El “pantano mortal” es consecuencia de un acuífero que proporciona agua mineral de excelente calidad a sus habitantes.

Es evidente el cambio climático producido a través del tiempo: los inviernos ya no son tan fríos, aún cuando las comodidades de la vida urbana han mejorado mucho; y los veranos han extendido un poco más su influencia. Ha quedado el viento, uno de los símbolos del lugar. Zapala está ubicada en plena estepa patagónica y tiene incorporada profundamente su impronta:

Atardecer en Zapala

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¡Salmones chinook del Petrohué!

Conocí a Patricio Rondini en el año 2010 cuando yo estaba guiando excursiones de pesca en el río Limay Medio. Enseguida nos hicimos amigos y desde entonces hemos compartido muchas pescas juntos. El lago Strobel, los ríos Palena, Petrohué, Toltén, Maullín, Puelo, Limay Superior, Limay Medio, nos han hecho acumular muchos buenos recuerdos además de capturas memorables. Él es el único culpable de mi adicción a la pesca de salmones, aunque debo decir que me lo advirtió previamente…

Todos los años hago una o dos escapadas para pescar los salmones chinook del Petrohué, un río que para mí es uno de los paraísos en la tierra.

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes. #Saramago

Una foto publicada por Mariano Srur (@marianosrur) el

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