Call me Ishmael

Un texto de Gustavo Scattareggia.

No recordaremos las circunstancias menores del día que vimos el mar por primera vez; sí recordaremos la ansiedad que nos causó y seremos todavía niños si conservamos y reproducimos algo de esa felicidad cada vez que volvamos a verlo.

El atardecer en el mar producirá en cambio una sensación distinta cada vez. Si estamos enamorados será una gloria cósmica. Si tenemos el corazón roto será un infierno de recuerdos que se nos clavan en los lugares más obscenos. Nos conmoverá quizás al rito iniciático por definición: el de abordar el mar y dejar todo atrás, que nos nacerá de las tripas originada por la necesidad de exorcizar la soledad, con más soledad. No sin acierto un autor menor señaló que la cura de todo es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.

Quizás porque las lágrimas le están vedadas, el océano (perderse en el mismo) es un rito iniciático predominante masculino. El sudor, el trabajo como catarsis, sin el necesario charme, puede fundamentarse si la iniciativa tiene algún fulgor mesiánico.

Ciertos hombres que abominan del mar profundo y de su capacidad para convertir a un hombre en nada y en nadie, deciden sin embargo llorar. Lo más sabios, que suelen ser más viejos, eligen para ese mérito un atardecer de colores voraces frente al mar. Son hombres felices y se quedan hasta el amanecer (la noche ha sido insomne), entonces dejan de llorar y repentinamente entienden todo.

Call me Ishmael

Muchas gracias por leer y mirar.

Mariano

Comments

  1. Ana Semenas says:

    Realmente un atardecer , para permanecer apreciàndolo hasta lo INFINITO , Un sueño con deseos de Realidad

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