Cuestión de límites

Avanzamos casi de noche sobre la meseta. Hace frío y nos rodea la vegetación achaparrada de la estepa. Es difícil distinguir accidentes geográficos más allá de la línea del horizonte en un paisaje uniforme como éste. De pronto, encontramos un límite: el alambrado que una persona construyó para delimitar su dominio, o para que los animales de cría se alimenten dentro de un espacio acotado. Seguramente sin buscarlo, el alambrado tiene un atractivo visual al recortarse sobre el cielo del crepúsculo.

Me pongo a pensar en los límites que tengo adelante. Uno terrenal e ínfimo en relación a los demás, el del alambrado. Otro más lejano pero no inalcanzable, la atmósfera de nuestro planeta, que nos rodea y se tiñe de los colores que siguieron a la puesta del sol. Y por último uno más definitivo, las estrellas que se empiezan a divisar en el firmamento.

Cuestión de límites

Sólo me interesa superar el primero.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

PD: Esta historia es parte de otras dos: Una vasta soledad y Esperando la noche.

Aclaro por las dudas que mi intención no era hablar en contra de los alambrados, sino de lo limitado que somos los seres humanos. Este tipo de límites es necesario para poder ordenar la producción en estos lugares. En realidad se podía transitar libremente por el camino, pasando una tranquera.

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