Una excursión esteparia

En uno de los viajes que hice hacia Bariloche por la Línea Sur, descubrí muchos lugares donde supe que tenía que volver para hacer otro tipo de fotos con diferente luz y condiciones de tiempo. Uno de los ideales para una excursión esteparia queda a pocos kilómetros de Mencué. Hacía meses quería regresar y tenía preparada la casilla rodante, aunque  a veces los quehaceres diarios hacen que se me pase el tiempo sin darme cuenta. Pero aquél lunes el otoño nos había regalado un día espectacular y eso no me hizo olvidar. Luego de chequear el pronóstico lo llamé a Ken y quedamos en salir antes del atardecer para pasar la noche fotografiando las estrellas junto al paisaje iluminado por el reflejo de la luna, que estaba en cuarto menguante.

Llegamos de noche y, antes de las fotos, cenamos unas empanadas de carne acompañadas por un vino tinto. Luego comenzamos el ascenso por una formación espectacular de rocas, que al exponerse a la intemperie sufrieron un proceso de meteorización, que creó una especie de rompecabezas rocoso.

Había un silencio absoluto. Llegué hasta arriba con cierta dificultad porque la luna no había salido aún y tenía que iluminarme con la linterna. De a ratos escuchaba detrás mío un golpe seco y poderoso, cuando una de las rocas sueltas que había pisado para saltar hacia la siguiente, se acomodaba nuevamente en su lugar. Inmediatamente después asomó la luna en el horizonte, iluminando con una luz cálida todo el paisaje. Había comenzado una foto de larga exposición y estaba mirando hacia el lado de la luna cuando escucho una exclamación de Ken, que más abajo, había visto un meteorito grande surcar el cielo. Maldecí no haberlo visto pero compensé esa sensación cuando vi que mi cámara lo había captado!:

Meteorito sobre la estepa. Una excursión esteparia

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Lo sagrado y lo terrenal

Está por salir el sol, en cualquier momento, y todavía no llegué al lugar que buscaba. Cruzo el alambrado y acelero el paso en la estepa. La falta de cuidado hace que me llene el pantalón, las medias, las zapatillas, de todo lo que puede pinchar en esa época del año. No me importa porque está por salir el sol en cualquier momento. No tengo en cuenta el ritmo de respiración y súbitamente tengo que parar para tomar aire. Por fin llego hasta arriba del cerrito y todo se detiene un instante, porque la vista del Cerro Fitz Roy o Chaltén es conmovedora:

El Chalten al amanecer. Lo sagrado y lo terrenal.

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Amanecer en Paso Roballos

El despertador suena a las 7:00. Me incorporo para ver por la ventana de la casilla rodante hacia afuera. Lo primero que siento es el frío, después veo que el cielo está despejado y que el amanecer en Paso Roballos va a ser hermoso (Ver mapa). Es la primera vez en el viaje que tengo que abrigarme. Me visto a las apuradas, junto la mochila y el trípode, lo sacudo al Negro para que se despierte y salgo. Camino unos 300 metros y encuentro el lugar ideal.

Recién a las 7:25 los primeros rayos de sol iluminaban la Cordillera de los Andes. Temí que se nublara completamente, pero las nubes gruesas sobre los cerros eran estacionarias y no amenaza de mal tiempo:

amanecer en paso roballos

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