A modo de bienvenida

Mientras leen esto aún estoy de regreso de un viaje al norte neuquino, pero no quería dejar de publicar unas imágenes el primer domingo del año, a modo de bienvenida.

Uno de los últimos días de la primavera, cuando el calor hace inconfundible la inminencia del verano, me fui a caminar por un sendero en Paso Córdoba, General Roca.

En una parte del sendero tenemos huellas de dinosaurios herbívoros, que caminaron por este mismo lugar hace decenas de millones de años. El sendero se iluminaba tenuemente con el último reflejo que proyectaba la barranca:

Caminata de dinosaurios

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Adiós año viejo

Otro año que pasa y ya estamos bien entrados en el siglo XXI. Cuando era chico me preguntaba qué sería de mi vida en el año 2000, que veía tan lejano. Hace rato que conocí la respuesta, y no era ni cercana a lo que podría haber imaginado.

A esta altura del siglo XX mis abuelos varones habían sido contemporáneos de una guerra mundial, que los terminó forzando a emigrar a un país lejano y desconocido. Uno de ellos decía que teníamos suerte de no tener guerras, ni volcanes, ni terremotos en este pedazo de tierra. Luego que él se fuera vino la locura de Malvinas, suerte que no le tocó vivirla.

Por supuesto que tenemos otro tipo de problemas, y en cantidad suficiente.

Pero trato de nunca olvidar esas circunstancias que los obligaron a dejar su lugar para venir a hacer una nueva vida en la Patagonia buscando paz, buscando prosperidad.

Como homenaje y agradecimiento dejo estas imágenes de atardeceres pacíficos en el Alto Valle del río Negro, que fui consiguiendo los últimos días de la primavera:

La calma antes de la tormenta. Adiós año viejo

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Una puesta de sol

Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol…
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Subiendo hacia el cerro Catedral y en una de las curvas más cerradas del camino, veo a alguien parado en una roca que se eleva unos metros más allá del camino.

Había sido un día sin acontecimientos notables y aquello definitivamente llamó mi atención.

“¿Cómo no se me ocurrió nunca antes subir ahí?”, me pregunto mientras paso. Ni siquiera había sospechado que podría haber un sendero que me lleve hasta arriba.

Espero hasta un rato antes de la hora dorada y me voy caminando con la mochila y el trípode. Cuando llego efectivamente hay un sendero, que luego de unos metros me deja arriba de esa roca que vi más temprano.

Y la vista es fascinante. Hacia un lado tengo el cerro Ventana, acariciado por la última luz cálida del día:

Una puesta de sol en cerro Ventana

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