Tormenta de otoño

La serie Tormenta de otoño la conseguí haciendo trekking en Paso Córdoba, General Roca, el 7 de junio pasado.

[1/4] Me encontré con una tormenta de otoño que rápidamente atravesó el Alto Valle del río Negro. Las nubes eran enormes y reducían a una escala de juguete a la ciudad de Roca.

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Días otoñales en el Alto Valle

Hasta hace poco tiempo atrás pensaba que el otoño era la mejor estación del año en el Alto Valle de río Negro. Supongo que no había aprendido a disfrutar del resto del año en esta zona, y tal vez de la vida en general. Hoy creo que es uno de los mejores lugares para vivir, climática y geográficamente hablando: Estamos cerca del mar y de la cordillera y no tenemos estaciones demasiado extremas, además de un entorno natural bello.

Pasé bastante tiempo en General Roca -para mi parámetro 🙂 – desde fines de marzo hasta ahora. Y fui recolectando una serie de imágenes de estos días otoñales en el Alto Valle que no hacían referencia a una sola historia, pero vistas en contexto son más que eso: El todo es más que la suma de sus partes, decía Aristóteles en su sabiduría sin tiempo… Así que a continuación van una serie de pequeñas historias que se entrelazan en otra mayor.

Desde el puente sobre el río Negro en Paso Córdoba, logré captar la transición entre el día y la noche sobre el Alto Valle:

La vida del río. Río Negro, General Roca.

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Una noche en Paso Córdoba

“[los descubrimientos sobre el Cosmos]… Nos recuerdan que los hombres han evolucionado para admirarse de las cosas, que comprender es una alegría, que el conocimiento es requisito esencial para la supervivencia”.
Cosmos, Carl Sagan.

Paso Córdoba, margen sur del río Negro. Se escucha un ruido familiar que viene desde el cielo, con poco esfuerzo vemos enseguida el avión que viaja a gran altura. “Seguro es el que va desde Bariloche a Buenos Aires”, dice Bettina. Inmediatamente regreso a mi niñez cuando íbamos al campo de mi familia en la línea sur. Mientras recorría los rincones de esa tierra cada tanto se repetía la misma escena. Y me quedaba mirando un buen rato hasta que lo perdía de vista.

Se hace de noche y nos quedamos para seguir fotografiando. La luna llena estaba alta en el cielo y otra vez escuchamos el paso de un avión, pienso que es plena temporada de invierno y la ruta aérea está muy transitada.

El reflejo de la luna hace brillar la estela que va dejando el jet a su paso, y también resalta los colores del valle de la luna amarillo:

Valle de la luna amarillo y estela de avión

Aprovechando la claridad de la noche, pido a mis compañeros que se queden inmóviles unos segundos para que no salgan movidos en la foto:

Fotógrafos en las bardas roquenses

Comenzamos a desandar el camino que nos lleva al puente sobre el río, donde dejamos el vehículo. Nos sorprenden el paso de varios vuelos más, que quedan registrados en otras imágenes como ésta:

Estrellas y estela en la barda

En un punto del camino me llama la atención cómo uno de los senderos de bicicletas se proyecta hacia el cielo. Le hago caso a Mariano y llevo la sensibilidad a ISO 6400, exponiendo durante 30 segundos. Miro rápidamente y me parece que sobreexpuse la foto, pero el histograma me confirma que la exposición estuvo bien hecha. “Será cuestión de editarla luego en Lightroom”, pienso mientras guardo mi cámara, satisfecho con todo lo que fotografié.

Tengo muchas imágenes nocturnas de esa salida. En ninguna aparecen meteoritos, salvo una sola en que conté ¡13!… Algunos se ven nítidos y otros son apenas unos trazos fantasmales. Me sorprendo de la suerte que tuve, capté un instante único en ese cielo de aquella noche. Seguramente no los hubiera registrado a todos si hubiera usado una sensibilidad menor. Además no recuerdo haberlos visto cuando sacaba la foto.

Meteoritos en la barda

Vienen a mi mente las palabras de Carl Sagan y no puedo evitar sentirme feliz.

Muchas gracias por mirar.

Mariano