En Zapala – Parte 3: Arroyo Carreri

Desandando unos kilómetros en dirección a Zapala, llegamos al arroyo Carreri. Ya era de noche y hubo que buscar en la oscuridad la bajada hacia el cauce. No había viento y nos rodeaba la tranquilidad. A medida que avanzábamos podíamos escuchar la conversación que tenía un grupo de arrieros. Ellos habían terminado de cenar y sus cabras estaban en la margen opuesta, esperando seguir el viaje al día siguiente. Sus perros ladraron cuando estuvimos muy cerca, advirtiendo del límite que estábamos a punto de cruzar. Una orden precisa los hizo callar, y luego de un saludo seguimos caminando hasta una curva donde la luna se reflejaba sobre el agua:

Reflejo de luna en arroyo Carreri

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Recuerdos de la estepa

Luego de pasar el Parque Nacional Laguna Blanca, llegamos hasta una curva de la ruta 46 que va hacia Aluminé. Caro mencionó que había un colectivo de dos pisos incendiado hace unos meses y que podía ser interesante para fotos nocturnas. Así que fuimos.

Encontramos la luz en la mejor hora, justo cuando el sol está cerca del horizonte y los rayos tienen que atravesar una gran distancia por nuestra atmósfera, dejando pasar sólo los colores cálidos. Estas imágenes me traen los mejores recuerdos de la estepa. Las capas geológicas del cerro Lohan Mahuida se revelaban en toda su belleza:

Cerro Lohan Mahuida. Recuerdos de la estepa.

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La gente de Las Grutas

Conocí esta playa por primera vez a fines de los 70 cuando no había prácticamente nada construido. Mi tío tenía una casa sobre la Avenida Río Negro desde la que cruzábamos directamente hacia la segunda bajada esquivando las pocas construcciones que había. La villa no tenía servicio de aguas, cloacas ni gas, sólo de electricidad. Las viviendas tenían una gran cisterna que había que llenar cada tanto contratando un camión que llevara el agua desde San Antonio Oeste.

Avanzados los ochenta y ya en mi adolescencia, pasé muchos veranos allá. La gente de Las Grutas siempre era interesante para mí, ya que confluíamos de todas partes de la provincia en enero. Recuerdo amigos de San Antonio, Villa Regina, Choele Choel, Beltrán, Viedma, Bariloche, además de la banda que íbamos desde Roca.

De adulto regresé muy poco, me parecía que habían hecho un desastre con la expansión de la ciudad, pero en los últimos diez años me reconcilié con el lugar y volví muchas veces. Siempre se pueden encontrar lugares tranquilos aún en plena temporada de verano. Y a fin del año pasado decidimos pasar Navidad con mis amigos allá.

Llegamos el 23 de diciembre a la tarde, justo para ver el atardecer en la playa. Al contrario de lo que pensaba, el bar de la cuarta bajada estaba muy tranquilo y pudimos disfrutar el momento:

Carlos y Ken en el bar
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