Bajo las estrellas

Hace muchos años que no acampaba bajo las estrellas, sin carpa y sólo con la bolsa de dormir. La última vez fue en el 2006 antes de una excursión de pesca, cuando llegamos la noche anterior al lugar desde donde iniciábamos una flotada por el río Limay Medio.

El verano en la Patagonia norte es excelente para esto, porque en la estepa no baja demasiado la temperatura durante la noche. La mejor excusa fue presenciar la conjunción planetaria que se daba a partir del 27 de enero. ¡Y que todavía se puede ver!, mírenla si no lo hicieron. La decisión de ir la tomamos a último momento el viernes pasado. Por suerte el año anterior descubrimos un sitio que no tiene contaminación lumínica, y las estrellas se revelan en todo su esplendor durante una noche despejada. El pronóstico era favorable así que fuimos con Ken y con Ed, que escribió unas palabras sobre el viaje.

Los últimos kilómetros son dificultosos de recorrer, y transitando la última parte por una huella abandonada hace décadas, llegamos pasando el atardecer. Como queríamos fotografiar la noche, no nos preocupó demasiado y nos dedicamos a buscar un lugar al reparo del viento para preparar la cena, y lo más plano posible para poner las colchonetas. Luego de unos ojos de bife a la plancha de hierro y un vino, nos acomodamos para dormir:

Bajo las estrellas

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Tormenta eléctrica en Roca

El martes de la semana pasada, estaba a punto de irme a dormir cuando me llama por teléfono mi hija para avisarme de una gran tormenta que estaba pasando por Cipolletti en dirección a Roca. Vi el cielo despejado hacia el río pero al mirar al norte me quedé con la boca abierta al ver que la tormenta era impresionante y estaba llegando a mi ciudad!.
Agarré lo más rápido que pude el equipo de fotos y el trípode, y salí volando a la zona de Paso Córdoba con la esperanza de poder fotografiarla desde arriba de las bardas.

Una vez en el mirador de las Tres Cruces, el espectáculo era asombroso, los rayos no paraban de caer mientras las nubes se iluminaban todo el tiempo:

Tormenta en 3 Cruces

Según la web Tiempo Patagónico, los cumulus nimbus se transformaron en una super celda, que llegó a alcanzar los trece kilómetros de altura:

Tormenta sobre Roca

Luego de sacar decenas de fotos emprendí el regreso, pero tuve que detenerme un par de kilómetros antes del puente sobre el río Negro para fotografiar otra parte más de la tormenta:

Tormenta eléctrica en Roca. Por Jupiter.

En ese momento escucho que se me acerca un animal ruidoso y asustado, que resultó ser un perro simpático que estaba muy desorientado y se quedó conmigo. Finalmente lo subí a la camioneta y lo llevé hasta el puesto de control sanitario del puente, donde amablemente lo recibieron para devolver a sus dueños, ya que concluimos que provenía del barrio que se encuentra detrás.
Al acercarme a mi casa comprendí la magnitud del daño que provocó la tormenta, con decenas de álamos caídos sobre los caminos. El diario Río Negro publicó una nota sobre el tema al día siguiente:

Recortes de la tormenta

En mi casa no había electricidad, pero los relámpagos y rayos se encargaron de iluminarnos durante horas:

Por Jupiter bis

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Caminos perdidos

Un texto de Gustavo Scattareggia

Hoy no le temo a la muerte,
no sé que fue que me lo quitó…”.
Diego Frenkel / La Portuaria.

Como toda buena idea, sonaba inicialmente absurda cuando Mariano promovió la intención de ingresar a la meseta de El Cuy a través de una huella que sólo se ve como un vestigio en Google Street view. No hizo más que alentar cierta pulsión por la exploración y el reconocimiento lejano que en otro ámbito es un rasgo excéntrico.

Pasando la localidad de El Cuy nos desviamos en una tranquera rudimentaria, protagonizada por el alambre y el óxido. El camino no había sido transitado en años; los arbustos de la estepa perseveraron y las huellas de los aluviones impusieron un avance lento y en baja. Era el augurio de un hallazgo afortunado. A cuarenta minutos de marcha encontramos un puesto abandonado con corrales y bebederos alimentados por una vertiente que llega desde cerros cercanos. Una escalada mínima reveló el outpost ideal para sacar las fotos de esa noche. El perfil de la meseta y de las chimeneas del volcán marcan un límite bajo el recorrido de la vía láctea. Del otro lado, un valle cretácico debate con las últimas luces del atardecer.

La noche del desierto, aunque fría, fue soportable; el té caliente y un budín de chocolate marcaron el compás entre toma y toma. En el cielo, una luna chúcara con forma de daga sarracena sablea a Mariano y a Ken con su luz promiscua y les niega la toma que buscan.

Detrás de cada foto hay una búsqueda inadvertida. Los hombres que entienden eso navegan caminos perdidos y suben cerros pedregosos cargados de equipo para encontrar una imagen definitoria. Son nuestros ojos al cosmos y una parte de la humanidad lo entiende y lo agradece.

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Imagen de Ken Robinson. Fotografiando el atardecer:
Fotografiando el atardecer en la estepa

En la imagen previa justo estaba sacando esta foto del volcán Trapalcó:
Volcán Trapalcó al atardecer. Caminos perdidos.

Contorno del volcán Macoyó, con las chimeneas volcánicas que nos recordaron al cerro Catedral:
Contornos del volcán Macoyó

Gustavo se quedó inmóvil durante 30 segundos para que el reflejo de la luna lo ilumine correctamente:
Gustavo en el puesto de avanzada

Ken sacó esta foto grupal, mientras yo sacaba la que sigue a continuación:
La noche patagónica

Volcán Macoyó Vía Láctea y Luna