Otra vuelta por el Universo

Nos entusiasmamos con la meseta del Cuy que queda entre 65 y 145 km al sur de Roca, dependiendo de la distancia que uno quiera recorrer. Como mencioné en una publicación previa, es un lugar muy poco conocido por la gente del Alto Valle de Río Negro. Es una meseta basáltica originada por la erupción de dos volcanes durante la época de los dinosaurios, hace más de 65 millones de años. Fueron erupciones no explosivas, que emitieron gran cantidad de lava fluida que cubrió el fondo de un antiguo valle. Geológicamente producen lo que se llama un relieve invertido, porque la lava del fondo del valle es mucho más resistente que las elevaciones que lo rodeaban, y al irse erosionando el entorno más rápidamente, hoy lo que vemos arriba era en realidad la parte más baja de la zona…

Gracias a la información que encontré en la página de Alicia Pulita, supe que estos dos volcanes se llaman Macoyó y Trapalcó, aunque ninguno figura en la cartografía que hay en internet. También menciona en esa página que la lava fluyó en dirección norte y noreste, así que mirando Google Earth pude darme cuenta rápidamente por la diferencia -mínima- de altitud, dónde estaban ambos volcanes. Había que ir al extremo sur de la meseta, por ruta 6, y luego seguir por el camino de ripio que va en dirección a Mencué. Parecía que había caminos rurales que subían hacia la planicie, y si llegábamos con tiempo podíamos encontrar una ubicación inmejorable para fotografiar el atardecer y luego la Vía Láctea al llegar la noche.

Sabíamos también que, luego de recorrer unos 10 km, había que desviarse por un camino rural que nos llevaría a un puesto de un criancero al pie de la meseta. A la hora que estimábamos, estuvimos en este camino y tuvimos una vista inmejorable del que supongo es el volcán Macoyó:

La Estepa patagónica

Nos sorprendió la belleza de la estepa, que se revela casi de repente luego de una rápida transición de la zona del monte. Recientemente había llovido y había muchos charcos de agua en el camino. Se notaba que nadie lo había transitado después de las lluvias. A mi amigo Ken le tocó abrir y cerrar unas cuantas tranqueras:

Ken abriendo tranquera 1

La imagen a continuación da una idea del entorno que transitábamos, con la meseta dominando la vista hacia la derecha:

Estepa patagónica - Meseta del Cuy

Encontramos la huella que llevaba al primer puesto, donde nos recibieron unas gallinas y un gato. El puestero no estaba, seguramente habría salido a hacer una recorrida con su caballo y perros. Nos dimos cuenta que no había camino que subiera hacia la meseta, sólo un cañadón que desde la foto satelital me había engañado, así que decidimos retomar el camino previo para ver si encontrábamos otra subida.

Una y otra vez Ken tuvo que abrir más tranqueras, alguna más difícil que otra…:

Ken abriendo tranquera 2

Finalmente nos detuvo una tranquera con candado… No había forma de pasar, así que luego de intentar de noche por un desvío que nos llevó a un puesto abandonado y tétrico, volvimos por donde habíamos llegado. Nos invadió la desilusión, nos habíamos perdido la oportunidad que buscábamos.

Transitábamos lentamente el camino rural con las luces altas encendidas cuando Ken bajó la ventanilla para mirar arriba y escuché que hacía una exclamación. El cielo nocturno revelaba la Vía Láctea y otras estrellas y galaxias con un detalle fantástico por la falta de contaminación lumínica. Me quedé literalmente con la boca abierta al bajar y ver. Nuestra galaxia se extendía de un lado del horizonte hacia el otro, pasando por arriba nuestro, inabarcable…

Me propuse sacar varias fotos en sucesión con mi lente gran angular (fueron 7) para formar un panorama de esta maravilla. El resultado está a continuación, donde además se ven a la izquierda y al medio la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana y satélite de la nuestra, y más arriba la Pequeña Nube de Magallanes, otra galaxia un poco más lejana. El horizonte tiene iluminación seguramente de la ciudad de Neuquén a la derecha y probablemente la luz residual del atardecer al centro y a la izquierda, aunque nuestros ojos a simple vista no podían captarla:

Panorama de la Vía Láctea en la estepa

El frío fue calando lentamente en nuestros huesos, así que cada tanto teníamos que subirnos a la camioneta para volver a calentarnos. La foto que sigue es una mezcla de dos, la primera enfocando las estrellas y la segunda enfocando la camioneta, luego las combiné en Photoshop. La luz de los leds de una batería que se estaba cargando tiñó de azul el interior, y la del tablero creó otro contraste de color naranja. Adentro sonaba esta música.

Otra vuelta por el Universo

La última tranquera que pasamos antes de volver a la ruta asfaltada tenía un mensaje acorde a mi amigo forastero:

Ken abriendo tranquera 3

Cuando pasamos esa tranquera miré hacia el norte y distinguí otra vez la silueta del volcán Macoyó. El cielo no tenía la espectacularidad que mostraba el lado con la Vía Láctea, pero saqué la foto que más me gustó del viaje. Un cielo pleno de estrellas, galaxias lejanas, satélites y meteoritos. Observable e insondable al mismo tiempo, la ventana al infinito, como me gusta llamarlo:

Volcán Macoyó y las estrellas

Nos sentíamos realizados: lo que había parecido un fracaso al comienzo, nos terminó dando una satisfacción enorme.

El regreso a Roca fue sin novedad, y lo aprovechamos para definir próximos lugares para nuestras salidas fotográficas.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Gran Bajo del Gualicho

Transitando la ruta provincial 2 desde Choele Choel en dirección a Las Grutas, encontramos un lugar que muchos frecuentan pero pocos conocen: el Gran Bajo del Gualicho (Ver ubicación). Miles de personas lo recorren por el asfalto de la ruta, desde donde se adivina su gran extensión. Muy pocos saben que es la segunda mayor depresión natural del hemisferio sur con 72 metros debajo del nivel del mar, sólo superada por el Gran Bajo de San Julián, en la provincia de Santa Cruz.

Durante años pasé en dirección a la playa o al sur de la Patagonia, cada vez con más ganas de internarme en la salina que ocupa un gran porcentaje de la superficie del bajo. En el año 2009 junto con mi hija hicimos una visita durante el verano, contratando una excursión en Las Grutas. No tenía mi cámara a mano ya que la había perdido hacía poco en un vuelco de mi balsa navegando el río Caleufu, así que no tengo fotos buenas de ese momento, pero nos sorprendimos con el efecto que produce la delgada capa de agua híper salada que cubre la superficie de la salina. La sal se pega a todo lo que toca, endureciendo la tela de la ropa cuando se seca y dejando en la piel una sensación de suavidad única, difícil de explicar con palabras. Les recomiendo que lo experimenten alguna vez.

Finalmente en febrero de 2015, otra vez veraneando en Las Grutas, fuimos nuevamente a la salina. Llegamos justo para fotografiar los últimos minutos de luz solar. Sólo pude sacar esta foto antes que unas nubes hicieran esconder el sol; miren la sal, adherida a todo:

Sal y atardecer en el Gran Bajo Gualicho

Ahora restaba esperar a que se hiciera de noche, para poder fotografiar las estrellas en esta zona sin contaminación lumínica. Conseguí este autorretrato contemplando el horizonte de agua y sal:

Mariano Srur - Autorretrato en el Gran Bajo del Gualicho

Finalmente llegó la oscuridad. Llamaban la atención las instalaciones de una de las empresas que extraen sal, recortándose entre el horizonte y la Vía Láctea:

Noche en la Salina del Gualicho

Alejándonos unos metros y mirando en dirección al sureste, aparecía otra vez uno de los brazos de nuestra galaxia, mientras que la luz naranja de San Antonio Oeste y Las Grutas le daban un toque cálido a la escena. En la exposición de 30 segundos tuve la suerte de captar un meteorito:

La Vía Láctea en Salina del Gualicho

Había conseguido lo que buscaba. Pero el Gran Bajo del Gualicho esconde muchos lugares más: islas, cañadones, restos fósiles, barrancos… Es un lugar al que siempre es bueno regresar.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

PD: Si quieren aprender más sobre esta zona, les recomiendo leer el libro “Bajo del Gualicho: una Planicie Patagónica Bajo el Nivel del Mar“, de Ricardo F. Masera y Julio C. Guarido junto a otros colaboradores.

Hay varias agencias de viajes en Las Grutas que ofrecen la excursión a la salina. Hay otras excursiones de turismo aventura, como por ejemplo la de la visita al Fuerte Argentino. ¡No se las pierdan!.

Esperando la noche

La semana pasada publiqué la primera parte de la visita a la meseta de El Cuy. A continuación, el resto de la historia.

Luego de llegar a lo más alto del camino, comenzamos a avanzar en dirección a Cerro Policía. Mientras esperábamos la noche, en el horizonte todavía se reflejaban los rayos del sol que desaparecía:

Colores del atardecer en la meseta

Ya podíamos ver a simple vista una multitud de estrellas, y una exposición de varios segundos permitió captar el paso de un satélite sobre el cielo patagónico:

Esperando la noche en la meseta

Luego de pocos kilómetros llegamos al otro lado de la meseta, y tuvimos una vista panorámica del paraje de Cerro Policía. Podíamos contar fácilmente la cantidad de casas mirando sus luces. Me llamó la atención como se proyectaba una continuidad del pueblo hacia el horizonte, mientras en el firmamento asomaba el abismo infinito de las estrellas:

Crepúsculo en Cerro Policía

El frío rápidamente fue calando en nuestros huesos, a pesar del abrigo que llevábamos. Pero la espera dio sus frutos y pudimos obtener muchas imágenes maravillosas de la Vía Láctea, de las cuales muestro la que más me impactó, una multitud de estrellas y galaxias que iluminan el cielo:

Vía Láctea en meseta del Cuy

Obtener la foto anterior no es fácil con la cámara que usé en ese momento, una Olympus E-M1. A pesar que tiene muy buena sensibilidad a ISO alta, el tamaño de su sensor muestra limitaciones cuando se quiere captar mucha más luz de la habitual como pasa en la fotografía nocturna. Por eso usé además una montura motorizada marca Polarie, que una vez calibrada y con la cámara encima, gira lentamente siguiendo la rotación de la Tierra, permitiendo hacer fotos de muchos segundos de duración sin que las estrellas salgan borrosas. En este caso la exposición fue de ¡240 segundos!, cuando lo habitual hubiera sido de 30 segundos para que las estrellas “no se muevan”. La longitud focal fue equivalente a 14mm, la apertura de f/4 a ISO 1600.

Una de las ventajas de fotografiar la noche en invierno, es que el atardecer llega temprano, entonces pudimos regresar a nuestras casas pasadas las 24:00, y con tiempo para descansar.

Muchas gracias por mirar.

Mariano