Delfines en Las Grutas

Hace pocos días me invitaron a hacer una salida de avistaje de fauna marina en Las Grutas. Está por comenzar la temporada de ballenas francas, y la gente de la empresa Cota Cero organiza estos relevamientos.

Llegué a las 9:30 a la oficina de la Tercer Bajada, justo cuando estaban en pleno preparativo:

Local Cota Cero Las Grutas

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Call me Ishmael

Un texto de Gustavo Scattareggia.

No recordaremos las circunstancias menores del día que vimos el mar por primera vez; sí recordaremos la ansiedad que nos causó y seremos todavía niños si conservamos y reproducimos algo de esa felicidad cada vez que volvamos a verlo.

El atardecer en el mar producirá en cambio una sensación distinta cada vez. Si estamos enamorados será una gloria cósmica. Si tenemos el corazón roto será un infierno de recuerdos que se nos clavan en los lugares más obscenos. Nos conmoverá quizás al rito iniciático por definición: el de abordar el mar y dejar todo atrás, que nos nacerá de las tripas originada por la necesidad de exorcizar la soledad, con más soledad. No sin acierto un autor menor señaló que la cura de todo es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.

Quizás porque las lágrimas le están vedadas, el océano (perderse en el mismo) es un rito iniciático predominante masculino. El sudor, el trabajo como catarsis, sin el necesario charme, puede fundamentarse si la iniciativa tiene algún fulgor mesiánico.

Ciertos hombres que abominan del mar profundo y de su capacidad para convertir a un hombre en nada y en nadie, deciden sin embargo llorar. Lo más sabios, que suelen ser más viejos, eligen para ese mérito un atardecer de colores voraces frente al mar. Son hombres felices y se quedan hasta el amanecer (la noche ha sido insomne), entonces dejan de llorar y repentinamente entienden todo.

Call me Ishmael

Muchas gracias por leer y mirar.

Mariano

Proveer nuestra propia luz

Un texto de Gustavo Scattareggia.

“Asombrar con gestos amorosos a una persona que nos rechaza es, ante todo, una grosería.”
A. Dolina

El atardecer frente al mar apela al amor, al pensamiento profundo y a la presentación de Kung Fu. Estas referencias son deficientes en casi todos los aspectos: el amor es una superstición repentina y efímera que nada tiene que ver con la eternidad del océano; el pensamiento profundo es una distracción del aburrimiento; y David Carradine caminaba en el inicio del día y en un desierto, que es como una playa pero infinita.

Cuando vemos el atardecer, es también la oscuridad que se aproxima; es todas la cosas que no logramos; es el amor que se nos hizo imposible porque somos imposibles. Son las huellas que dejamos y se borran con las olas. (Si queremos dejar huellas eternas deberemos caminar por el desierto como Kwang Chang Kaine; sin el mar, será un sendero solitario).

Para ignorar esa indolencia un grupo de optimistas se ha inventado una farsa petulante y perezosa según la cual el universo conspira para lograr lo que queremos. Stanley Kubrick los rechaza con precisión: “El hecho más terrible del universo es que no es hostil, sino que es indiferente… no importa cuán vasta la oscuridad, debemos proveer nuestra propia luz”.

La luz del día ha sido devastadora; el tenue atardecer es alucinante pero la oscuridad del universo empieza a rodearnos y es mejor asegurarse una luz propia. Pretender asombrarlo con gestos amorosos, sería una grosería.

Proveer nuestra propia luz

Muchas gracias por leer y mirar.

Mariano

PD: La foto es de este verano en Las Grutas, Río Negro.