Una noche buena

Verano en Las Grutas. Habíamos tenido la cena de Nochebuena con mis amigos. El cielo nocturno lucía despejado y con la luna llena a pleno, y que no se repetiría en Navidad hasta el año 2034. Una noche buena para hacer unas fotos en la playa de Las Coloradas o Piedras Coloradas. Como conté en la publicación anterior, fuimos con Ken hasta la playa.

Recordaba mientras nos acercábamos al mar que ese trayecto era apenas una huella en mal estado en los años 80. Hoy el camino y la urbanización continúa muchos kilómetros más allá.

La marea estaba bajando y teníamos casi toda la playa a nuestra disposición. No había viento y la temperatura era ideal. La luz reflejada por la luna impregnaba el paisaje y nos permitía ver los detalles del suelo a simple vista:

Luna llena Las Coloradas y Las Grutas. Una noche buena.
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Frente a la Cordillera del Viento

Llegamos a Las Ovejas luego del mediodía y con hambre. Pasamos por un almacén que tenía un surtido variadísimo de cosas para hacer compras de último momento. Ahí nos recomendaron un “comedor” – como le dicen apropiadamente en el norte neuquino a los restaurantes – donde nos atendieron muy bien y prometimos regresar para cenar al día siguiente.

Nuestra idea para la próxima jornada era fotografiar el atardecer desde un mirador frente a la Cordillera del Viento y el valle del río Neuquén. Según la aplicación PhotoPills el sol se iba a poner poco después de las 20:00. Como (otra vez) teníamos hambre pasamos por el comedor a las 19:00, la hora que nos dijeron que abrían, pero no tuvimos suerte. Luego de esperar un rato nos dimos cuenta cómo iba llegando la hora dorada y nos asaltó la idea de que nos perderíamos un atardecer fabuloso. Aceleramos durante los ocho kilómetros que nos separaban del mirador y con alivio presenciamos esta magnífica escena:

Río Neuquén frente a la Cordillera del Viento

El mirador tiene un desnivel abrupto, y mientras Ken se quedaba un poco más arriba para filmar la puesta de sol, bajé un hasta que lo perdí de vista. No me daba el tiempo para admirar el entorno y tratar de fotografiarlo mientras cambiaba aceleredamente al variar la luz y las nubes. Había un viento implacable que hacía muy difícil disparar la cámara sin que registre nuestro movimiento. Pronto me encontré usando el trípode:

La Cordillera del Viento

Había un rango diverso de nubes lenticulares sobre toda la cordillera, bañadas por la luz cálida de los últimos rayos de sol. Desde el valle se escuchaba el balido de cientos de cabras de los crianceros trashumantes:

Atardecer frente a la Cordillera del Viento

Las nubes se reconfiguraban permanentemente en formas, tamaños y lugares, produciendo secuencias únicas e irrepetibles:

Nubes sobre Cordillera del Viento

Finalmente, me di por satisfecho con lo que había fotografiado, y me quedé contemplando durante unos minutos más la maravilla que me rodeaba. Estaba feliz y agradecido.

Lentamente acomodé todo el equipo y comencé a regresar, cuando justo me lo encuentro a Ken que no podía creer lo que habíamos presenciado y también había registrado todo como había querido. ¡Misión cumplida!:

Misión cumplida

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Regreso por la Línea Sur

Salimos tarde desde Bariloche. Durante los primeros kilómetros nos acompañó una tormenta bastante intensa y finalmente se nos hizo de noche en el camino. Igual decidimos seguir avanzando hasta Comallo, donde tomaríamos la ruta provincial 67 y haríamos noche luego de recorrer unos kilómetros (Ver trayecto completo). La idea era dormir en una zona a más de 1250 metros de altura sobre el nivel del mar, donde tuviéramos una atmósfera clara que nos permitiera ver muchas estrellas.

Encontramos un buen lugar donde estacionar la casilla alrededor de la 1 de la madrugada. La temperatura había bajado muy rápidamente y tuvimos que abrigarnos bastante. Dejamos encendida la estufa de la casilla rodante y nos aventuramos al exterior para sacar fotos de la noche. Como habíamos calculado, una gran cantidad de estrellas aparecían en el cielo de la estepa. Pronto comenzamos a tener mucho frío además de sueño, y terminamos la sesión de fotos. La que más me gustó fue ésta en que también aparece la casilla y las estrellas se reflejan en la camioneta:

Iluminados por la noche. Regreso por la Línea Sur

Una vez adentro de la casilla, notamos que la temperatura no había mejorado mucho a pesar que la estufa estaba al máximo. Tenía los pies helados y (cosa que casi nunca hago) me acosté con las medias puestas y envolví el extremo de mi bolsa de dormir, que está preparada para resistir hasta -18ºC, con mi campera de polar. Me dormí del cansancio, pero estimo que mis pies demoraron unas tres horas en entrar en una temperatura normal.

A las 6:00 am, desde el otro extremo de la casilla, Ken me avisa que estaba por amanecer. Me pareció raro que estuviera despierto a esa hora. Asomé a la ventana para ver el exterior, ¡y qué frío que hacía fuera de la bolsa!. No me pareció que valiera mucho la pena salir a la intemperie para fotografiar la salida del sol, aunque luego me arrepentí de no haberlo hecho. Cuando me desperté a las 8:00 am, me enteré que Ken no había dormido en toda la noche. Cuando salió de su bolsa estaba completamente vestido, pero no le había alcanzado. Suponemos que hicieron muchos grados bajo cero. Lección aprendida: encargué el reemplazo de la estufa por otra más potente, y va a ser necesario llevar más equipo de abrigo para la próxima salida que es la semana que viene.

Luego del desayuno y acomodar las cosas, seguimos viaje. Enseguida nos encontramos con este puesto de estancia al borde de un mallín, justo donde el camino comenzaba a descender:

Puesto de estancia en la estepa

Un rato más de viaje nos dejó en Pilahue, la estancia que fue de mi familia, donde mi abuelo se instaló después de llegar a Argentina en el año 1919. Dejo una foto del acceso a la casa, la semana que viene publico fotos exclusivamente de este lugar:

Entrada a Pilahue

Pasando Mencué, encontramos unas curiosas formaciones rocosas, donde Ken hizo un fantástico video de las nubes circulando sobre las rocas. Mientras tanto salí a recorrerlas, y la mejor foto que conseguí de ese lugar la saqué con mi teléfono celular, ya que en la cámara tenía puesto el teleobjetivo. El pequeño sensor del celular no pudo registrar todo el rango dinámico de la escena, y las nubes salieron sobreexpuestas, pero me gustaron los detalles en el suelo:

Campo de rocas

Estaba perdido en los recuerdos de mi niñez en la zona, cuando repentinamente noto que algo vuela muy cerca mío arriba a la izquierda. No lo dudé y comencé a sacar fotos de un grupo de 5 jotes que me sobrevoló con gran curiosidad durante varios minutos. De gran majestuosidad, es innegable su parecido con el cóndor, del cual son parientes cercanos:

Jote Cabeza Colorada

Sentí una gran alegría al darme cuenta de la confianza que me tenían al pasar tan cerca y de la oportunidad que tuve al poder encontrarlos. Cada vez que pasaban me seguían con la mirada durante un buen rato más:

Jote Cabeza Colorada sobrevolando

Continuamos transitando la estepa, disfrutando cada momento de ese devenir. Llegamos temprano a Roca, ansiosos por revisar las fotos que habíamos conseguido.

Muchas gracias por mirar.

Mariano