Bajo las estrellas

Hace muchos años que no acampaba bajo las estrellas, sin carpa y sólo con la bolsa de dormir. La última vez fue en el 2006 antes de una excursión de pesca, cuando llegamos la noche anterior al lugar desde donde iniciábamos una flotada por el río Limay Medio.

El verano en la Patagonia norte es excelente para esto, porque en la estepa no baja demasiado la temperatura durante la noche. La mejor excusa fue presenciar la conjunción planetaria que se daba a partir del 27 de enero. ¡Y que todavía se puede ver!, mírenla si no lo hicieron. La decisión de ir la tomamos a último momento el viernes pasado. Por suerte el año anterior descubrimos un sitio que no tiene contaminación lumínica, y las estrellas se revelan en todo su esplendor durante una noche despejada. El pronóstico era favorable así que fuimos con Ken y con Ed, que escribió unas palabras sobre el viaje.

Los últimos kilómetros son dificultosos de recorrer, y transitando la última parte por una huella abandonada hace décadas, llegamos pasando el atardecer. Como queríamos fotografiar la noche, no nos preocupó demasiado y nos dedicamos a buscar un lugar al reparo del viento para preparar la cena, y lo más plano posible para poner las colchonetas. Luego de unos ojos de bife a la plancha de hierro y un vino, nos acomodamos para dormir:

Bajo las estrellas

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El rumbo a seguir

“… la enorme cuna de la Patagonia volvió a hamacarme en el traqueteo del camino, señalándome el rumbo a seguir.”
Cuentos rodados / Relatos de la Patagonia Argentina, Carlos Abadie.

Miro las imágenes que siguen y veo a la Patagonia profunda, y no puedo evitar sentir la emoción de lo que está por venir. Los próximos meses me voy a largar a recorrer a conciencia la región empezando a cumplir un sueño que tengo desde chico, tratando de visitar lugares que todavía son una incógnita, y repasar lo mejor que pueda algunos de los que conozco. Conseguí una casilla rodante que me va a servir para llegar más lejos y estar en la mejor hora en los sitios que más me interesen. Mi objetivo final es editar un libro de fotos.

A modo de preparación, durante las últimas semanas estuvimos recorriendo con amigos la meseta de El Cuy, un sector al sur de General Roca que resulta desconocido para muchos. Al ir publicando las fotos recibí comentarios de personas a las que les recordaban distintas partes de nuestra región, desde la línea sur rionegrina hasta la estepa chubutense. A mí tampoco me resultan extraños esos paisajes, los reconocí en todos los lugares que visité en la estepa patagónica. Todos ellos tienen algo en común y a las vez son diferentes:

Contorno del volcán Macoyó a contraluz:

Nubes sobre el Macoyó al atardecer

La estepa y sus colores pasteles al atardecer:

Atardecer alucinante en la estepa. El rumbo a seguir.

Cactus Maihuenia patagonica (¡gracias Caro por la identificación!) y los colores alucinantes del crepúsculo:

Cactus estepa y crepúsculo

Si tienen sugerencias y recomendaciones para mi viaje por la Patagonia, serán muy bienvenidas. Espero sus comentarios.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Caminos perdidos

Un texto de Gustavo Scattareggia

Hoy no le temo a la muerte,
no sé que fue que me lo quitó…”.
Diego Frenkel / La Portuaria.

Como toda buena idea, sonaba inicialmente absurda cuando Mariano promovió la intención de ingresar a la meseta de El Cuy a través de una huella que sólo se ve como un vestigio en Google Street view. No hizo más que alentar cierta pulsión por la exploración y el reconocimiento lejano que en otro ámbito es un rasgo excéntrico.

Pasando la localidad de El Cuy nos desviamos en una tranquera rudimentaria, protagonizada por el alambre y el óxido. El camino no había sido transitado en años; los arbustos de la estepa perseveraron y las huellas de los aluviones impusieron un avance lento y en baja. Era el augurio de un hallazgo afortunado. A cuarenta minutos de marcha encontramos un puesto abandonado con corrales y bebederos alimentados por una vertiente que llega desde cerros cercanos. Una escalada mínima reveló el outpost ideal para sacar las fotos de esa noche. El perfil de la meseta y de las chimeneas del volcán marcan un límite bajo el recorrido de la vía láctea. Del otro lado, un valle cretácico debate con las últimas luces del atardecer.

La noche del desierto, aunque fría, fue soportable; el té caliente y un budín de chocolate marcaron el compás entre toma y toma. En el cielo, una luna chúcara con forma de daga sarracena sablea a Mariano y a Ken con su luz promiscua y les niega la toma que buscan.

Detrás de cada foto hay una búsqueda inadvertida. Los hombres que entienden eso navegan caminos perdidos y suben cerros pedregosos cargados de equipo para encontrar una imagen definitoria. Son nuestros ojos al cosmos y una parte de la humanidad lo entiende y lo agradece.

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Imagen de Ken Robinson. Fotografiando el atardecer:
Fotografiando el atardecer en la estepa

En la imagen previa justo estaba sacando esta foto del volcán Trapalcó:
Volcán Trapalcó al atardecer. Caminos perdidos.

Contorno del volcán Macoyó, con las chimeneas volcánicas que nos recordaron al cerro Catedral:
Contornos del volcán Macoyó

Gustavo se quedó inmóvil durante 30 segundos para que el reflejo de la luna lo ilumine correctamente:
Gustavo en el puesto de avanzada

Ken sacó esta foto grupal, mientras yo sacaba la que sigue a continuación:
La noche patagónica

Volcán Macoyó Vía Láctea y Luna