Esperando la noche

La semana pasada publiqué la primera parte de la visita a la meseta de El Cuy. A continuación, el resto de la historia.

Luego de llegar a lo más alto del camino, comenzamos a avanzar en dirección a Cerro Policía. Mientras esperábamos la noche, en el horizonte todavía se reflejaban los rayos del sol que desaparecía:

Colores del atardecer en la meseta

Ya podíamos ver a simple vista una multitud de estrellas, y una exposición de varios segundos permitió captar el paso de un satélite sobre el cielo patagónico:

Esperando la noche en la meseta

Luego de pocos kilómetros llegamos al otro lado de la meseta, y tuvimos una vista panorámica del paraje de Cerro Policía. Podíamos contar fácilmente la cantidad de casas mirando sus luces. Me llamó la atención como se proyectaba una continuidad del pueblo hacia el horizonte, mientras en el firmamento asomaba el abismo infinito de las estrellas:

Crepúsculo en Cerro Policía

El frío rápidamente fue calando en nuestros huesos, a pesar del abrigo que llevábamos. Pero la espera dio sus frutos y pudimos obtener muchas imágenes maravillosas de la Vía Láctea, de las cuales muestro la que más me impactó, una multitud de estrellas y galaxias que iluminan el cielo:

Vía Láctea en meseta del Cuy

Obtener la foto anterior no es fácil con la cámara que usé en ese momento, una Olympus E-M1. A pesar que tiene muy buena sensibilidad a ISO alta, el tamaño de su sensor muestra limitaciones cuando se quiere captar mucha más luz de la habitual como pasa en la fotografía nocturna. Por eso usé además una montura motorizada marca Polarie, que una vez calibrada y con la cámara encima, gira lentamente siguiendo la rotación de la Tierra, permitiendo hacer fotos de muchos segundos de duración sin que las estrellas salgan borrosas. En este caso la exposición fue de ¡240 segundos!, cuando lo habitual hubiera sido de 30 segundos para que las estrellas “no se muevan”. La longitud focal fue equivalente a 14mm, la apertura de f/4 a ISO 1600.

Una de las ventajas de fotografiar la noche en invierno, es que el atardecer llega temprano, entonces pudimos regresar a nuestras casas pasadas las 24:00, y con tiempo para descansar.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Una vasta soledad

La meseta del Cuy queda al sur de General Roca, a aproximadamente una hora de viaje por la ruta provincial 6. Es un lugar cercano y a la vez desconocido por la mayoría de los habitantes del Alto Valle. Es parte de la Patagonia profunda. A lo largo de mi vida la transité por ambos lados, viajando hacia campos ganaderos que tenía mi familia más al sur. Mi viejo hasta tuvo un campo al pie de la misma, pero jamás subí a “la planiza”, como le dicen los pobladores locales. Tengo desde hace años el libro “La Meseta Patagónica de El Cuy. Una vasta soledad”, obra interesantísima de Freddy Masera hecha en colaboración con otros autores, que describe la región desde muchos aspectos: geográficos, económicos, históricos, sociológicos. Este libro alimentó durante tiempo la necesidad de conocer el lugar.

Mi intención de subir siempre se diluía ante otro tipo de recorridos que iban apareciendo. Pero este invierno tenía el propósito de ir. Mi objetivo principal era fotografiar la Vía Láctea desde ahí arriba, lejos de la contaminación de luz de las ciudades del Alto Valle. Y no menos importante, la necesidad de experimentar estos espacios aislados y silenciosos…

Estuve atento durante un tiempo al pronóstico del tiempo, hasta que se anunciaron varios días completamente despejados. El único que pudo acompañarme fue mi amigo Ken, al que le tocó abrir y cerrar varias tranqueras una vez que nos desviamos de la ruta 6:

Tranqueras camino a la meseta

Recorriendo un camino vecinal que había visto desde Google Maps, finalmente llegamos a lo alto de la meseta para presenciar los últimos minutos de luz:

Atardecer en Santa Lucía del Cuy, una vasta soledad.

La temperatura había descendido rápidamente, y fue necesario abrigarnos mucho para poder resistir a la intemperie:

Ken en la meseta del Cuy

Luego que el sol bajara, tuvimos todavía un buen tiempo más de claridad durante el crepúsculo, que quisimos aprovechar al máximo:

El contorno de la estepa

En el corto trayecto que hay de la base de la meseta hasta su cima, se produce una transición maravillosa, la vegetación de monte, que predomina abajo con sus jarillas, alpatacos, chañares y demás, se transforma en estepa, donde predominan los coirones. Estos arbustos tienen tonos amarillos que se resisten hasta último momento a abandonar la luz del sol:

El alma de la estepa

Todavía nos quedaba un buen rato antes que se hiciera de noche, así que continuamos avanzando y recorriendo, cada vez más a oscuras, en dirección a Cerro Policía, al otro lado de la planicie. Pero esas imágenes van a ser parte de la publicación de la semana que viene.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

La continuación de esta nota la pueden encontrar en este link.

Las bardas roquenses

En las márgenes del valle del río Negro, en General Roca, hay una formación geológica que llamamos bardas. Las bardas son el borde de la meseta que fue erosionado, principalmente, por el agua del río al formar el valle.

En esta zona el valle tiene algo más de 17 km de ancho, entre las bardas sur y norte. Aunque en la actualidad el río ocupa una mínima parte de esa extensión, aún así es el más caudaloso de la Patagonia Argentina; pero durante el proceso de deshielo de la última glaciación, hace unos 10.000 años (un suspiro en términos cósmicos), su caudal era imponente, ocupando por completo el espacio del actual valle. Imagínense, un mar prácticamente.

Paso Córdoba, en la margen sur del río, es el lugar recreativo por excelencia de los roquenses. Hay varias playas que se llenan de bañistas en verano y una red de senderos donde las personas practican varios deportes, entre ellos mi preferido: el ciclismo de montaña. Precisamente por eso llegué a conocer muchos de sus rincones y siempre me impactó la majestuosidad de las bardas, especialmente en el sector del Valle de la Luna Amarillo.

Hace unos días vi desde lejos las bardas teñirse de rojo durante un atardecer, bellísimas. Lamenté no haber estado ahí con mi cámara, pero llamé a mi amiga Gra para que no nos perdiéramos el siguiente atardecer. Al otro día junto con ella, Bettina y Mariano, iniciamos una caminata de algo más de una hora para llegar a un buen lugar desde donde fotografiar la puesta de sol.

Había marcado en el gps del celular un morro elevado pero terminamos llegando a uno anterior que resultó muy bueno. Unas nubes tenues cambiaron el color de la luz a amarillo en vez de rojo. A pocos minutos de esconderse el sol, logré fotografiar las queridas bardas:

Bardas al atardecer

Cuando fotografiamos un atardecer es bueno quedarse unos minutos después que el sol bajó en el horizonte, durante ese tiempo los colores cambian de cálidos a fríos, hasta llegar al azul y luego el negro de la noche, dándole un aspecto distinto pero no menos interesante al paisaje. En esta foto se aprecian esos cambios:

Atardecer en las bardas roquenses

Nos quedamos sacando fotos hasta bien entrada la noche, pero en esta publicación quería mostrar solamente el atardecer en las bardas. Las fotos nocturnas van la semana que viene.

Muchas gracias por mirar.

Mariano