Nubes de un amanecer marino

Durante la última Navidad viajé a Las Grutas con mis amigos, fue un viaje donde (como siempre) aproveché para conseguir la mayor cantidad de fotos posible. En la publicación anterior, Una noche buena, mostré fotos de la luna llena sobre Las Coloradas y contaba que a continuación nos encontraríamos con el resto del grupo en el bar de la Quinta bajada. Las horas transcurrieron rápido y como estábamos muy cerca de la noche más corta del año, la claridad comenzó a mostrarse pronto en el horizonte. Eso nos animó a resistir el sueño para poder fotografiar el amanecer. Uno a uno los amigos se fueron yendo, pero los fotógrafos nos quedamos. Arriba nuestro comenzaron a mostrarse lo que serían las nubes de un amanecer marino hermoso.

Los colores habían comenzado a encenderse varios minutos antes de la salida del sol cuando esta nube solitaria se recortó sobre el cielo, apenas iluminada por las primeras luces:

Nube de un amanecer grutense

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Una noche buena

Verano en Las Grutas. Habíamos tenido la cena de Nochebuena con mis amigos. El cielo nocturno lucía despejado y con la luna llena a pleno, y que no se repetiría en Navidad hasta el año 2034. Una noche buena para hacer unas fotos en la playa de Las Coloradas o Piedras Coloradas. Como conté en la publicación anterior, fuimos con Ken hasta la playa.

Recordaba mientras nos acercábamos al mar que ese trayecto era apenas una huella en mal estado en los años 80. Hoy el camino y la urbanización continúa muchos kilómetros más allá.

La marea estaba bajando y teníamos casi toda la playa a nuestra disposición. No había viento y la temperatura era ideal. La luz reflejada por la luna impregnaba el paisaje y nos permitía ver los detalles del suelo a simple vista:

Luna llena Las Coloradas y Las Grutas. Una noche buena.
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La gente de Las Grutas

Conocí esta playa por primera vez a fines de los 70 cuando no había prácticamente nada construido. Mi tío tenía una casa sobre la Avenida Río Negro desde la que cruzábamos directamente hacia la segunda bajada esquivando las pocas construcciones que había. La villa no tenía servicio de aguas, cloacas ni gas, sólo de electricidad. Las viviendas tenían una gran cisterna que había que llenar cada tanto contratando un camión que llevara el agua desde San Antonio Oeste.

Avanzados los ochenta y ya en mi adolescencia, pasé muchos veranos allá. La gente de Las Grutas siempre era interesante para mí, ya que confluíamos de todas partes de la provincia en enero. Recuerdo amigos de San Antonio, Villa Regina, Choele Choel, Beltrán, Viedma, Bariloche, además de la banda que íbamos desde Roca.

De adulto regresé muy poco, me parecía que habían hecho un desastre con la expansión de la ciudad, pero en los últimos diez años me reconcilié con el lugar y volví muchas veces. Siempre se pueden encontrar lugares tranquilos aún en plena temporada de verano. Y a fin del año pasado decidimos pasar Navidad con mis amigos allá.

Llegamos el 23 de diciembre a la tarde, justo para ver el atardecer en la playa. Al contrario de lo que pensaba, el bar de la cuarta bajada estaba muy tranquilo y pudimos disfrutar el momento:

Carlos y Ken en el bar
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