Bordeando la meseta

Finalmente pude cumplir el sueño de recorrer la Ruta Provincial 41, un camino de tierra que va bordeando la meseta del Lago Buenos Aires, entre Los Antiguos y Paso Roballo. Las dos veces anteriores no había podido al encontrarse cerrado el camino por la nieve.

Llegamos justo al atardecer, luego de pasar la noche en la costa del río Senguer sobre la ruta 40, y de hacer compras de comida perecedera en Perito Moreno para pasar los cuatro días siguientes recorriendo la zona.

Apenas transitamos los primeros kilómetros nos encontramos con este paisaje:

Atardecer bordeando la meseta del Lago Buenos Aires

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Recuerdos de la estepa

Luego de pasar el Parque Nacional Laguna Blanca, llegamos hasta una curva de la ruta 46 que va hacia Aluminé. Caro mencionó que había un colectivo de dos pisos incendiado hace unos meses y que podía ser interesante para fotos nocturnas. Así que fuimos.

Encontramos la luz en la mejor hora, justo cuando el sol está cerca del horizonte y los rayos tienen que atravesar una gran distancia por nuestra atmósfera, dejando pasar sólo los colores cálidos. Estas imágenes me traen los mejores recuerdos de la estepa. Las capas geológicas del cerro Lohan Mahuida se revelaban en toda su belleza:

Cerro Lohan Mahuida. Recuerdos de la estepa.

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Frente a la Cordillera del Viento

Llegamos a Las Ovejas luego del mediodía y con hambre. Pasamos por un almacén que tenía un surtido variadísimo de cosas para hacer compras de último momento. Ahí nos recomendaron un “comedor” – como le dicen apropiadamente en el norte neuquino a los restaurantes – donde nos atendieron muy bien y prometimos regresar para cenar al día siguiente.

Nuestra idea para la próxima jornada era fotografiar el atardecer desde un mirador frente a la Cordillera del Viento y el valle del río Neuquén. Según la aplicación PhotoPills el sol se iba a poner poco después de las 20:00. Como (otra vez) teníamos hambre pasamos por el comedor a las 19:00, la hora que nos dijeron que abrían, pero no tuvimos suerte. Luego de esperar un rato nos dimos cuenta cómo iba llegando la hora dorada y nos asaltó la idea de que nos perderíamos un atardecer fabuloso. Aceleramos durante los ocho kilómetros que nos separaban del mirador y con alivio presenciamos esta magnífica escena:

Río Neuquén frente a la Cordillera del Viento

El mirador tiene un desnivel abrupto, y mientras Ken se quedaba un poco más arriba para filmar la puesta de sol, bajé un hasta que lo perdí de vista. No me daba el tiempo para admirar el entorno y tratar de fotografiarlo mientras cambiaba aceleredamente al variar la luz y las nubes. Había un viento implacable que hacía muy difícil disparar la cámara sin que registre nuestro movimiento. Pronto me encontré usando el trípode:

La Cordillera del Viento

Había un rango diverso de nubes lenticulares sobre toda la cordillera, bañadas por la luz cálida de los últimos rayos de sol. Desde el valle se escuchaba el balido de cientos de cabras de los crianceros trashumantes:

Atardecer frente a la Cordillera del Viento

Las nubes se reconfiguraban permanentemente en formas, tamaños y lugares, produciendo secuencias únicas e irrepetibles:

Nubes sobre Cordillera del Viento

Finalmente, me di por satisfecho con lo que había fotografiado, y me quedé contemplando durante unos minutos más la maravilla que me rodeaba. Estaba feliz y agradecido.

Lentamente acomodé todo el equipo y comencé a regresar, cuando justo me lo encuentro a Ken que no podía creer lo que habíamos presenciado y también había registrado todo como había querido. ¡Misión cumplida!:

Misión cumplida

Muchas gracias por mirar.

Mariano