Hacia la Línea Sur

Finalmente llegó el día, luego de muchas postergaciones, en que íbamos a salir camino hacia la Línea Sur rionegrina en la casilla rodante. La idea era simple: partir desde General Roca después del mediodía transitando la ruta 6, parando a dormir donde nos sorprendiera la noche, y terminar en Bariloche al día siguiente luego de pasar por Jacobacci. El trayecto está en este link de Google Maps.

Venía mi amigo Ken desde el principio y el día previo se sumó Willy, que además de amigo es mi contador. No quería irme sin pagarle el mes así que cuando lo llamé para coordinar me preguntó de casualidad si me iba a algún lado (sabe los bueyes con que ara) y terminó viajando con nosotros.

Comenzando la aventura

El acuerdo tácito era ir sin apuro y parando donde quisiéramos. Ayudaba también el tránsito con la casilla rodante, ya que nunca había llevado un remolque tan grande durante muchos kilómetros, así que manejé con mucha precaución, no más de 90km/h en asfalto y entre 40 y 60 en el ripio según el estado del camino.

La ruta provincial 6 es un desastre, luego de la bajada de Zinelli tiene una zona de muchos kilómetros de pozos, muy peligrosa, a lo que se suma la inexistencia de banquinas en todo el trayecto, carcomidas por los aluviones o saturadas de pasto. No podemos entender cómo una vía de comunicación tan importante que se asfaltó hace más de 20 años haya sido abandonada de esa manera. Los habitantes del sur profundo necesitan infraestructura de caminos, no para prosperar, sino para subsistir. Muchos habitantes de la estepa terminan emigrando hacia los conurbanos de las ciudades más grandes, sufriendo un profundo desarraigo en muchos casos. Se ven carteles y pintadas de propaganda electoral de los políticos por todo el recorrido, que es el momento en que más se acuerdan de estos lugares. El abandono que hace el estado provincial y los sucesivos gobiernos de turno, incrementa la necesidad de una reparación histórica para esta región de pioneros, que tanto aportó en su momento a nuestro país.

Luego de llegar al sur de la meseta de El Cuy, la ruta 6 (sin señalización de ningún tipo), pasa a ser de ripio sin mantenimiento, no obstante disfrutamos mucho del entorno. En un momento nos encontramos con un maravilloso paisaje de rocas que afloraban entre la vegetación. Nos imaginamos antiquísimos restos de una antigua civilización, olvidada por el tiempo:

Rumbo a la Línea Sur

Escala en las formaciones rocosas

En un puesto abandonado junto a un mallín, donde sólo quedaban de testigos los cimientos de adobe y un pequeño árbol, encontramos un Aguilucho Común, que celosamente custodiaba un nido que construyó ocupando toda la copa del árbol:

Halconeando

Ken me sacó la foto de la foto:

Fotografiando un ave

Seguimos el recorrido pasando por el paraje de Colan Conhué, cuando comenzó a anunciarse la hora dorada, el momento en que la luz adquiere ese tono tan especial, previo al anochecer. Necesitábamos encontrar un lugar donde parar a dormir. Pronto llegamos a una zona alta del camino, que resultó ideal para las últimas fotos del día. Wily encontró este matuasto, que nos miraba sin temor:

Matuasto estepario

Del lado opuesto una meseta y nubes servían de marco para el sol que se ocultaba:

Atardecer estepario

Aunque había disminuído mucho la luz, todavía iluminaba con un color muy particular, así que les pedí a mis amigos que posen sobre el guardaganado:

Willy y Ken en la estepa

La primer noche de estreno de la casilla fue sin inconvenientes, a pesar que la temperatura bajó considerablemente, no tuvimos que encender la estufa.

Al día siguiente nos despertamos temprano, desayunamos con tranquilidad y continuamos viaje. En una parte del camino nos encontramos con este curioso muñeco, en el medio de la nada. Lo pasamos de largo, entonces nos miramos y dijimos “Tenemos que parar”:

Haciendo señas

Ubaldino Garay

Unos kilómetros más adelante, encontramos a dos personas sobre el camino, uno de ellos hacía dedo para que lo lleváramos. Resultó ser Ubaldino, un gaucho que había finalizado su jornal en una estancia y esperaba que alguien lo acercara hasta su casa en Jacobacci. Por supuesto lo llevamos.

Se mostró contrariado que una camioneta pasara antes que nosotros y ni disminuyera la marcha ante sus señales. La amabilidad es una característica de la gente en esta tierra. En el campo esos códigos son fundamentales. A veces la supervivencia depende de esos pequeños gestos.

Nos contó todo lo que le preguntamos sobre su vida de trabajador rural. Se sentía cómodo conversando, pero tampoco hablaba por demás. Tiene 67 años, y llegó desde su Chos Malal natal a la edad de 22. Nunca más regresó por sus pagos, no nos contó por qué y tampoco quisimos preguntarle. Habló del gran problema de la sequía y cómo habían variado los rebaños a lo largo de los años. También de la crisis económica que los afecta y la incipiente reconversión a la cría de chivos debido a que es más rústico y a que el valor de su lana casi triplica al de la oveja.

Nos acompañó mientras hicimos paradas para caminar y fotografiar. No tenía ningún apuro en llegar. Y nos sorprendimos cada cual por su lado cuando caímos en cuenta que el tiempo había dejado de ser una preocupación para nosotros también. Estábamos en modo “slow” según Ken:

Observadores de la estepa

Al pasar por este santuario de Ceferino, Ubaldino nos mencionó que siempre paraba para agradecerle por el trabajo. Por supuesto que inmediatamente nos detuvimos, y de paso sacamos fotos:

Con Ubaldino Garay en el Ceferino

Después de darnos algunas indicaciones, lo dejamos en la entrada de Jacobacci, se despidió con un apretón franco de manos y un “Ha sido un gusto, que le vaya muy bien”.

A esa altura ya teníamos mucha hambre. Encontramos el restaurante Cumelcan frente a las vías, donde comimos unos ravioles rellenos de cordero y con salsa de hongos que nos resultaron un manjar. Con el estómago lleno y el calor que empezaba a sentirse, decidimos caminar por la estación ferroviaria del pueblo, donde empezaba el ramal de trocha angosta o “La Trochita“, que unía Jacobacci con Esquel.

En la estación Jacobacci

Nos maravillamos recorriendo las instalaciones de la terminal ferroviaria, sobredimensionadas en la actualidad por el reducido uso que se hace de este sistema de transporte, y que antes fue tan vital para la región.

Willy en la estación Jacobacci

Ingresamos a un galpón donde nos sorprendimos al encontrar una locomotora con un vagón dormitorio del Ferrocarril Patagónico, que une Viedma con Bariloche. También estaba la locomotora a vapor que hacía la excursión turística entre la estación de Bariloche y la de Perito Moreno, una pena que ya no esté en funcionamiento…

Ferrocarril patagónico

Además había dos vagones de la trochita en muy buen estado de conservación. Estar ahí daba una extraña sensación, parecía que estaban a la espera de volver a rodar por las vías de la estepa:

Vagón de la Trochita

Quise comprar el diario Río Negro donde salía el suplemento Voy con fotos mías, pero no lo pudimos conseguir. “Sólo se vende en la estación YPF”, nos dijeron en un kiosco, pero estaba cerrada. Así que continuamos viaje a Bariloche por la ruta nacional 23. Los primeros kilómetros de esta ruta (de ripio aún, pero con un proyecto avanzado de asfaltado) tienen un pésimo mantenimiento, pero contrasta increíblemente con el asfalto que ya está hecho por Pilcaniyeu. La parte que ya está asfaltada parece de un país europeo: señalización y pintura en todos lados, tercer carril para adelantar camiones en las subidas y curvas… Maravilloso, da gusto transitarla. Es el ejemplo de lo que debe hacerse. Lamentablemente se han denunciado sobreprecios escandalosos en esta obra, es inevitable que quede un gusto agridulce en estas cuestiones… ¿Cuántas obras más se podrían haber hecho si no hubiera habido corrupción?.

Estábamos cansados después de un largo día. Llegamos a Bariloche cuando el sol se había escondido detrás del Catedral. Ken pudo sacar esta hermosa foto de aquél momento sin que detuviera la marcha:

Atardecer detrás del Catedral

El regreso lo hicimos dos días después vía ruta provincial 67, pasando por Comallo, Laguna Blanca y Mencué. La semana que viene publico fotos de ese trayecto.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Un eclipse de superluna

Nos veníamos preparando con otros amigos fotógrafos para el singular acontecimiento astronómico del eclipse de superluna. Este fenómeno se debe a la combinación de la Luna muy cercana a la Tierra, más el eclipse debido al ingreso de la primera en el cono de sombra de nuestro planeta. No se da muy seguido, el próximo ocurrirá recién en el año 2033, una eternidad (¿seguirán existiendo los blogs en esa época?, ¿cómo habrá cambiado la fotografía?…). “Confía lo menos posible en el mañana.”, decía Quinto Horacio hace algo más de 20 siglos.

El pronóstico del domingo 27/09 no era para nada alentador en el Alto Valle, con una capa gruesa de nubes que no parecía disiparse hasta en el mismo momento que se iniciaba el eclipse. Aún así fuimos al Valle de la Luna Rojo en la zona de Paso Córdoba, teníamos esperanza y todo el equipo preparado.

Como por obra de magia las nubes se apartaron justo a tiempo. En esta imagen la luna empieza a ser cubierta por la sombra terrestre:

Luna eclipsada en Patagonia

Una hora más tarde la Luna tenía ese color rojo que le dan todos los atardeceres y amaneceres terrestres. En ese momento resultaba muy difícil de fotografiar debido a la poquísima luz que reflejaba. Tuve que esforzarme para conseguir una foto enfocada, ya que además se mueve muy rápido, el enfoque que podamos conseguir dura apenas segundos:

Luna roja en Patagonia. Eclipse de superluna.

Durante el eclipse total el cielo se oscurece mucho. Aproveché para mirar hacia el otro lado y la Vía Láctea se recortaba a simple vista en la noche. Me gustó cómo las pocas nubes que quedaban reflejaban las luces de las ciudades del Alto Valle rionegrino:

Escena detrás de la luna roja

Nos quedamos hasta que finalizó toda la secuencia, alrededor de las dos de la madrugada. Mientras, vimos cómo una gran cantidad de vehículos con fotógrafos y curiosos iban regresando de a poco a sus casas. Fue un acontecimiento que congregó mucha gente.

En el 2033 vemos cómo sigue.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Cuestión de límites

Avanzamos casi de noche sobre la meseta. Hace frío y nos rodea la vegetación achaparrada de la estepa. Es difícil distinguir accidentes geográficos más allá de la línea del horizonte en un paisaje uniforme como éste. De pronto, encontramos un límite: el alambrado que una persona construyó para delimitar su dominio, o para que los animales de cría se alimenten dentro de un espacio acotado. Seguramente sin buscarlo, el alambrado tiene un atractivo visual al recortarse sobre el cielo del crepúsculo.

Me pongo a pensar en los límites que tengo adelante. Uno terrenal e ínfimo en relación a los demás, el del alambrado. Otro más lejano pero no inalcanzable, la atmósfera de nuestro planeta, que nos rodea y se tiñe de los colores que siguieron a la puesta del sol. Y por último uno más definitivo, las estrellas que se empiezan a divisar en el firmamento.

Cuestión de límites

Sólo me interesa superar el primero.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

PD: Esta historia es parte de otras dos: Una vasta soledad y Esperando la noche.

Aclaro por las dudas que mi intención no era hablar en contra de los alambrados, sino de lo limitado que somos los seres humanos. Este tipo de límites es necesario para poder ordenar la producción en estos lugares. En realidad se podía transitar libremente por el camino, pasando una tranquera.