Andanzas en Bariloche

La primer semana en la cordillera se me pasó volando, y la segunda también. Muy poco tiempo para editar y publicar las fotos que prometí. Pero ya verán el por qué en estas andanzas en Bariloche.

Patricio llegó justo antes del inicio de la temporada de pesca. Alcanzamos a hacer los preparativos con la ayuda inestimable del Negro Díaz.

El primer día de la temporada fuimos de los primeros en entrar al río Limay para pescarlo. Hicimos el tramo entre Rincón Chico y Villa Llanquín, que incluye la maravilla del Anfiteatro. Verlo desde dentro es toda una experiencia, pero no tengo fotos de ese momento, entre el viento que había y la necesidad de controlar la balsa para que Patricio pesque, no me quedó tiempo.

Pero el Negro estaba muy atento desde la ruta, y registró estas fotos increíbles cuando pasamos cerca de él:

Flotando en el Anfiteatro río Limay

Flotando en el Anfiteatro río Limay. Andanzas en Bariloche.

Flotando en el Anfiteatro río Limay

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¡Salmones chinook del Petrohué!

Conocí a Patricio Rondini en el año 2010 cuando yo estaba guiando excursiones de pesca en el río Limay Medio. Enseguida nos hicimos amigos y desde entonces hemos compartido muchas pescas juntos. El lago Strobel, los ríos Palena, Petrohué, Toltén, Maullín, Puelo, Limay Superior, Limay Medio, nos han hecho acumular muchos buenos recuerdos además de capturas memorables. Él es el único culpable de mi adicción a la pesca de salmones, aunque debo decir que me lo advirtió previamente…

Todos los años hago una o dos escapadas para pescar los salmones chinook del Petrohué, un río que para mí es uno de los paraísos en la tierra.

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes. #Saramago

Una foto publicada por Mariano Srur (@marianosrur) el

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Los días en Epulauquen

Otro día en Epulauquen. Nos despertamos temprano para desayunar; el encargado del té por supuesto es Ken. Ya tenemos la rutina de arranque preparada, y en breve estamos listos para salir.

Amaneciendo en Epulauquen

Primero recorremos en la camioneta el valle del río Nahueve, donde se nos van varias horas.

Yo tenía ganas de hacer mi primer pesca de la temporada, así que antes del atardecer fuimos hacia el arroyo Lanasa, mal llamado Nasa, que une las dos lagunas de Epulauquen (que justamente quiere decir dos lagunas en mapuche). El arroyo es un lugar hermoso: en su margen derecha tiene un incipiente bosque y a la izquierda un mallín impresionante, que hay que caminarlo un buen rato para poder llegar. En esta foto de Ken se ve claramente, y también aparezco pescando:

Pescando en arroyo Lanasa

La pesca fue excelente, como se indica habitualmente en el mes de noviembre para este ambiente.

Aquí la caminata de regreso:

Caminando desde el arroyo Lanasa

La tarde se nos pasa rápido, y mientras corríamos atrás de la sombra que iba proyectando el sol al ponerse detrás de la montaña, nos encontramos con este paisaje:

Atardecer en lagunas Epulauquen

Me fascina el color que toma la luz en el norte neuquino a esa hora, “vuelto color de trigo el sol” como decía Zitarrosa…

Bosque y montaña en Epulaquen

Un rato después y nos encontrábamos con el crepúsculo. La frontera con Chile es el cerro Crestón, y del otro lado pasan continuamente los vuelos de cabotaje del país trasandino, y a pesar que no tiene nada que ver con lo natural que nos rodea, me gusta como queda el rastro en el cielo:

Rastros en el cielo de Epulaquen

Una vez que llegamos a la casilla rodante, miramos hacia el Este y nos maravillaron las nubes lenticulares sobre la Cordillera del Viento:

Nubes lenticulares sobre Cordillera del Viento

Después de cenar fuimos a un pequeño mirador al final del camino dentro del camping organizado, que tiene una vista privilegiada de los Andes:

Noche en lagunas Epulaquen

Ken me preguntó qué variante podíamos hacer para una foto y se me ocurrió esconderme e iluminar el techo del mirador de verde con mi linterna de varios colores. El resultado fue éste:

Nocturna en laguna de Epulaquen

Parado al borde del camino se escuchaba con claridad el sonido de un arroyito que desembocaba en la laguna, y a lo lejos también se escuchaban las ráfagas de viento que bajaban con violencia desde atrás de los Andes. Una brisa helada comenzaba a subir desde el agua… La luna iluminaba todo con mucha intensidad, produciendo una mezcla alucinante de noche y día:

Los cerros en Epulauquen

Pronto estábamos satisfechos con las fotos conseguidas, y regresamos al abrigo de la casilla para descansar.

Ken había dejado una de las cámaras haciendo una serie de fotos para luego producir este time lapse nocturno que quedó muy bueno:

 

Muchas gracias por mirar.

Mariano