Adiós año viejo

Otro año que pasa y ya estamos bien entrados en el siglo XXI. Cuando era chico me preguntaba qué sería de mi vida en el año 2000, que veía tan lejano. Hace rato que conocí la respuesta, y no era ni cercana a lo que podría haber imaginado.

A esta altura del siglo XX mis abuelos varones habían sido contemporáneos de una guerra mundial, que los terminó forzando a emigrar a un país lejano y desconocido. Uno de ellos decía que teníamos suerte de no tener guerras, ni volcanes, ni terremotos en este pedazo de tierra. Luego que él se fuera vino la locura de Malvinas, suerte que no le tocó vivirla.

Por supuesto que tenemos otro tipo de problemas, y en cantidad suficiente.

Pero trato de nunca olvidar esas circunstancias que los obligaron a dejar su lugar para venir a hacer una nueva vida en la Patagonia buscando paz, buscando prosperidad.

Como homenaje y agradecimiento dejo estas imágenes de atardeceres pacíficos en el Alto Valle del río Negro, que fui consiguiendo los últimos días de la primavera:

La calma antes de la tormenta. Adiós año viejo

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Una puesta de sol

Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol…
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Subiendo hacia el cerro Catedral y en una de las curvas más cerradas del camino, veo a alguien parado en una roca que se eleva unos metros más allá del camino.

Había sido un día sin acontecimientos notables y aquello definitivamente llamó mi atención.

“¿Cómo no se me ocurrió nunca antes subir ahí?”, me pregunto mientras paso. Ni siquiera había sospechado que podría haber un sendero que me lleve hasta arriba.

Espero hasta un rato antes de la hora dorada y me voy caminando con la mochila y el trípode. Cuando llego efectivamente hay un sendero, que luego de unos metros me deja arriba de esa roca que vi más temprano.

Y la vista es fascinante. Hacia un lado tengo el cerro Ventana, acariciado por la última luz cálida del día:

Una puesta de sol en cerro Ventana

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Para volver primero hay que salir

Me voy a dormir con esa sensación de intranquilidad que presagia una noche difícil. Y sueño con ella.

Es un sueño muy nítido: en un lugar que no reconozco tenemos una charla como al pasar. “Para volver primero hay que salir”, me dice con sus rasgos bien definidos por la luz de un atardecer onírico.

Trato de buscarle un significado pero no puedo. Sólo quisiera soñar distinto.

Miro la pantalla del celular y recién es la 1 de la madrugada. Afuera escucho el silencio. De un salto salgo de la cama, y diez minutos más tarde estoy sin rumbo, dispuesto a fotografiar lo que encuentre. Todo con tal de no volver a soñarla.

El camino me lleva hasta el Anfiteatro, sobre la ruta 40. Me envuelve una brisa suave, que me acaricia, que me consuela.

La luna está a punto de asomar y sólo tengo que esperar unos minutos para que ilumine el paisaje:

Anfiteatro nocturno. Para volver primero hay que salir.

Deambulando

Desando el camino, y me desvío hacia el río Ñirihuau.  Tal vez el puente del ferrocarril se vea bien esta noche.

Dejo la camioneta al costado del camino y emprendo la subida. Trepo hasta las vías y sigo sobre los durmientes hasta que debajo mío tengo el precipicio del cañadón del Ñirihuau. Unos metros más y encuentro la vista que busco.

De repente pienso si habrán muerto personas durante la construcción de este puente. Me invade la certeza que sí.

Con cuidado extiendo las patas del trípode para que no se apoyen en el vacío. Dos patas sobre el riel y una sobre un durmiente. De pronto, escucho un ruido metálico y siento un golpe que me deja helado. El riel al enfriarse produce una sacudida súbita que repercute en mi cuerpo y mente, que no estaban preparados para eso.

Me sobrepongo rápido y consigo esta imagen:

Una foto publicada por Mariano Srur (@marianosrur) el

Bajo del puente y encuentro un sendero que sigue el contorno del cañadón, desde donde tengo una buena vista de la estructura metálica, recortada sobre las estrellas y las luces de Bariloche:

Nocturna puente Ñirihuau

La vuelta

Regreso lentamente, buscando otros puntos de vista y sacando nuevas fotos, pero ninguna me satisface mucho.

Ya se hicieron las 4 de la mañana. Me invade un cansancio profundo y una sensación de tranquilidad, sabiendo que salvé la noche y me salvé de los sueños.

Muchas gracias por mirar.

Mariano Srur