Super luna esteparia

Domingo en Bariloche. Había un evento astronómico importante en ciernes: la Luna se aproximaba a uno de sus puntos más cercanos a la Tierra. Y las nubes insistían en seguir cubriendo todo el cielo…

El pronóstico para el día siguiente no cambiaba mucho, y no quería perderme la última oportunidad de ver la luna saliendo en el horizonte, antes que comience a disminuir su tamaño al alejarse. Sabiendo que las precipitaciones disminuyen dramáticamente hacia el Este, busqué en Windguru cómo estaría la cobertura de nubes en la estepa. Con alivio supe que en los alrededores de Las Bayas habría muy pocas.

Así que me preparé para una super luna esteparia.

Salimos con el Negro desde Bariloche con algo de tiempo para el viaje de 140 km. Antes de perderlo de vista, las nubes dejaron pasar brevemente los rayos de luz sobre el Nahuel Huapi, dando un aspecto dramático a la escena. Tuvimos que parar:

Tormenta en el Nahuel Huapi
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Una travesía por Neuquén

travesía

1. Viaje por tierra, por mar o por aire, en que se atraviesa una zona extensa, una región, etc.

En esta publicación reuní cinco imágenes que me habían quedado descolgadas del viaje que hicimos al norte neuquino con mi amigo Ken. Las dos entradas relacionadas son Frente a la Cordillera del Viento y Los días en Epulauquen. El viaje completo también está en Google Maps.

Se nos hace tarde llegando a Andacollo y decidimos pasar la noche en Cayanta, sobre la costa del río Nahueve. Después de cenar, la luna ya había aparecido en el cielo nocturno, iluminando el paisaje con colores casi de otro mundo:

Travesía por Neuquén. Noche en Cayanta
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Pilahue, la noche y la niebla

“Al amigo de la mano solidaria tendida cuando comenzaba la noche y la niebla.”
Rodolfo Ponce de León en la despedida a mi viejo.

En Pilahue transcurrió una parte importante de la historia de mi familia. Mi abuelo paterno, Fermín o Efrem, llegó a Argentina en el año 1919 después de emigrar desde Líbano al final de la Primer Guerra Mundial y se instaló en Pilahue en la década de 1920.

Entrada a Pilahue

Eran épocas de prosperidad para los campos patagónicos. Mucha gente vivía en la zona rural y mi abuelo además de criar ovejas para producir lana, instaló un almacén que también tenía una pequeña oficina de correos o estafeta postal. A un par de kilómetros de distancia vivía mi tío abuelo Juan, que también tenía un almacén. Imagínense el comercio que habría para que existieran en el campo dos almacenes tan cercanos. Prosperó y pudo enviar a la universidad a sus dos hijos: mi tío Fermín estudió arquitectura y mi viejo abogacía.

Durante mi niñez era capaz de fingir que no estaba engripado para que no suspendieran el viaje familiar al campo, cuando llegaba me curaba como por arte de magia. Me encantaba recorrer los cerros, participar de las tareas rurales como arreos de ovejas y de vacas, la esquila. Soñaba que las aventuras de los libros que leía se hacían realidad allá. Fue mi primer y más directo contacto con la naturaleza. Recuerdo intensamente las caminatas a la luz de las estrellas

En el año 1987 mi viejo decidió venderlo, había quedado como único propietario desde hacía unos años. La crisis de la lana con el bajo precio internacional y las altísimas retenciones a las exportaciones (¡hasta 50%!) que aplicaba el gobierno de Alfonsín hicieron que no fuera rentable producir, y supongo que sus otras actividades le impedían ocuparse correctamente del establecimiento. Él no regresó más y aunque lo negaba, creo que se arrepintió profundamente de haberlo vendido.

Personalmente no volví hasta más de veinte años después. Pasé medio a las apuradas al principio, pero en los últimos meses estuve dos veces por el lugar. La última me produjo mucha nostalgia. Estoy casi seguro que fue ver el campo iluminado con la misma luz que lo recordaba siempre.

El mallín de Pilahue

Mi vieja hace poco me mostró fotos de aquellos tiempos que por suerte conservó. En esta foto de septiembre de 1980 aparece mi viejo en el corral, y detrás de él, el mismo mallín de la foto anterior. Era más joven en ese momento de lo que yo soy ahora. Si prestan atención van a ver el mismo contorno de los cerros en el horizonte.

Papá en el corral de Pilahue 091980

Actualmente la miro y tiene mucho significado para mí. En aquéllos tiempos estaba avanzada la dictadura militar que usurpó el poder entre el año 1976 y 1983, y podría decirse que mi viejo, radical balbinista, había pasado por varias situaciones complicadas en los años previos. En el 75 había organizado el exilio de Rodolfo Ponce de León, amenazado de muerte por la nefasta triple A, quienes habían hecho estallar una bomba en su estudio jurídico. Durante el gobierno militar solicitó habeas corpus de distintos desaparecidos a diversos juzgados de la región, que siempre fueron rechazados. Hasta fueron al comando del ejército en Neuquén capital para pedir la liberación (que consiguieron) del hermano de su amigo Ricardo Padín. Y quién sabe cuántas cosas más que no me enteré. En el año 2001 me contó la anécdota de un juez que lo mandó a llamar una vez para preguntarle por qué seguía presentando habeas corpus si sabía que se los iban a rechazar, a lo que él contestó que lo hacía para que quede la firma de los que lo rechazaban.

De mi viejo aprendí que una amistad va más allá de las ideas políticas, algo que falta tanto hoy…

Quién sabe las cosas que pasaban por su cabeza durante aquéllos años. Yo me fui enterando con cuentagotas a medida que pasó bastante tiempo.

Con el regreso de la democracia ocupó una banca en la cámara de diputados entre el 83 y el 87. Durante la adolescencia me volvían loco cuando me decían “el hijo del diputado”… Con gran dolor votó las leyes de obediencia debido y punto final. Recuerdo que aquélla vez me dijo: “pensar que luché tanto contra estos desgraciados, pero Alfonsín nos dijo que si no votábamos a favor íbamos a entrar en una guerra civil”. El partido militar tenía mucho poder aún, y Alfonsín no quería más sangre… Afortunadamente la justicia llegó primero para los comandantes y luego con el tiempo para los ejecutores. No supe qué decirle aquélla vez, pero hoy lo sé bien.

Cuando camino este corral, aparecen reminiscencias… Pasé tantas veces por acá. Era el camino por el que se hacía subir a la hacienda a los camiones de transporte que esperaban al final de la rampa. Era muy desafiante cuando alguna vaca o caballo rebelde decidían no avanzar.

Corral en Pilahue

En la foto antigua estoy en la manga del corral con mi hermana y alguno de los hijos de Julio Herrera, el capataz de la estancia. Atrás aparece la rampa donde hoy sólo crece la vegetación.

En el corral de Pilahue

La pileta donde se bañaban las ovejas está en ruinas. Acá también pasé varias veces cuando se les aplicaba, mezclados con el agua, remedios contra la sarna y alguna otra enfermedad. Recuerdo andar haciendo malabares para no caerme al agua oscura mientras llevaba ovejas o las rescataba del agua.

Baño de ovejas abandonado en Pilahue

Vi muy seca a la estepa. El cambio climático parece que ha modificado permanentemente la cantidad de agua que cae en esta región, ya son demasiados años de sequía. En esta foto desde el Cerro de la Cruz se ve la casa. También el mallín en primer plano que está en franco retroceso. Ya no hay agua que corra y los pastos están amarillos en vez de verdes. Vean el contraste con la foto siguiente donde estoy andando en moto (no miren mi atuendo), el mallín está muy verde!, y seguro es una foto de diciembre o enero, luego del final de clases y cuando hacía tiempo había dejado de llover.

Pilahue desde el Cerro de la Cruz

En moto por Pilahue

A pesar de la nostalgia igual pronto voy a regresar.

Atardecer en Pilahue

Gracias por mirar.

Mariano

PD: Las palabras completas de Ponce de León son éstas: “Al amigo. Al amigo de la mano solidaria tendida cuando comenzaba la noche y la niebla. Al abogado leal y sabio. Al convencional constituyente brillante mi afecto y mi gratitud permanentes. A su familia, mi solidaridad con su dolor.” Gracias Pepo.