Verónica

Su mamá trabajaba como criada en una estancia perdida entre el mar y los Andes santacruceños. Era de tez morena, pelo oscuro y lacio, rostro anguloso, hermosos rasgos tehuelches.

Verónica se recuerda vagamente feliz caminando entre los coirones y el viento; junto a los rebaños de ovejas y manadas de caballos; subida a un cerro desde donde se veían más y más cerros hacia donde mirara, ¡le parecía todo tan distante!, es que todo queda lejos en la Patagonia… También había una casa grande con varias habitaciones y una galería cerrada que daba a un patio lleno de plantas raras, que crecían con dispar suerte en el riguroso clima de la estepa. Siempre tenía que andar con cuidado por ahí. No podía tocar nada de lo que le llamaba la atención. En lo posible, que estuviera afuera con su hermana, ordenaba el patrón. Alrededor de la casa principal, había varias otras construcciones: galpones, corrales, talleres, depósitos, viviendas para el personal.

Casa estancia abandonada
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