Una escena extraña

«Un buen viajero no tiene planes fijos ni la intención de llegar.» Lao-Tsé (C. 570 A.C. – C. 490 A.C.)

Todos los años vengo una o más veces a Puerto Varas en Chile para pescar los salmones del río Petrohué. Tengo un buen amigo acá, Patricio Rondini, que junto a su familia siempre son excelentes anfitriones. La rutina de pesca varía muy poco: levantarnos tempranísimo para estar en el río lo antes posible. Normalmente llegamos antes del amanecer para que los primeros rayos de luz nos encuentren en el agua pescando. Pero ayer hicimos una excepción, en vez del Petrohué iríamos al río Maullín, donde se pescan principalmente truchas, y no tenía sentido salir tan temprano. Aún así con el amanecer muy cercano, fuimos a buscar a Arturo, guía conocedor de la zona. Había llovido el día anterior y abundaba la humedad en el aire, y los bancos de niebla invadían peligrosamente las rutas.

Sin embargo en una de las subidas estaba despejado, y se desarrollaba en el campo una escena extraña, con las vacas moviéndose muy lentamente, saliendo de la neblina como con dificultad. Me apuré a bajar de la camioneta mientras le pedía a Patricio que por favor me espere unos instantes. No quería perderme la foto:

Una escena extraña

En el trayecto al río tuve que parar algunas veces más, es que el paisaje estaba tan increíble que no podía dejarlo sin registrar. Pero el Maullín nos recompensaría con truchas más allá de lo que esperábamos:

Una escena extraña

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Las curvas de los recuerdos en el Limay

Cuando inicié mi carrera de guía de pesca, uno de los primeros ríos que navegué fue el Limay Medio. Mi intriga al principio era si iba a lograr recordar los recovecos del río, para ir conociendo los lugares donde se encontraban las truchas, donde estaban los peligros, donde había que prestar más o menos atención para poder hacer bien mi trabajo.

Con el tiempo no sólo supe conseguirlo, no sólo puedo cerrar los ojos acá mismo en mi casa y recorrerlo mentalmente de principio a fin, sino que pasó algo muchísimo mejor: cada vez que veo el río veo recuerdos; como la primera vez que me sentí parte de la naturaleza flotando sobre lo transparente del agua; el momento en el que Leo Cardella cerró un día de pesca muy bueno con aquélla trucha marrón trofeo; el tano (no recuerdo su nombre) que había recorrido el mundo pescando y que me decía «¡bravísimo!»; el gringo Dickson tratando de hacer un pozo con la pala en medio de los cantos rodados; la frustración por aquélla trucha enorme que se le fue a Ignacio Aubone después de 20 minutos de pelea; y tantos y tantos recuerdos más…

O simplemente: Las curvas de los recuerdos en el Limay.

Para esta oportunidad seleccioné unas fotos de una salida de pesca que hicimos el año pasado al inicio de la temporada de pesca con Javier Zacagnino y Leo Durand. Ellos fueron uno de mis primeros clientes, hoy ya son amigos con los que salgo a pescar. Excelentes pescadores, aprendí mucho de ellos y espero ellos hayan aprendido algo conmigo. También vino con nosotros mi amigo Marcos Arce, otra gran persona que conocí a través de la pesca; él preparó la logística del campamento y se ocupó de las comidas, además de divertirnos con sus historias y ocurrencias.

Las embarcaciones descansan cerca del campamento, después de un día largo de pesca:

Las embarcaciones al atardecer en el campamento del Limay Medio. Las curvas de los recuerdos en el Limay.

El sol ya bajó en el horizonte, y Venus nos muestra el primer indicio de lo que será el cielo nocturno:

Atardecer en el Limay Medio

La Luna asomó en el cielo y el pollo al disco va marchando bajo la atenta mirada de Leo y Javier:

Leo y Javier y el pollo al disco

Un rato más tarde voy a buscar agua al río, no necesitaba la linterna porque la luna llena iluminaba en todo su esplendor el paisaje. Y no pude resistir sacar una foto de mi bote, el Perito Moreno, justo bajo la Cruz del Sur:

El Perito Moreno en el Limay Medio y bajo la Cruz del Sur

Tengo muchas más fotos de estos momentos, pero me resulta imposible acomodarlas acá para no saturar esta publicación, tal vez en una próxima.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Meseta del Lago Strobel: La pesca

En marzo de 2013 hicimos un viaje de pesca al mítico lago Strobel con mis amigos Patricio Rondini, Ricardo Ordóñez y Juanjo Ortiz.

Este lugar queda en medio de la nada, y para llegar hay que cruzar un río con una camioneta 4×4 y transitar kilómetros de un camino lleno de rocas en el que se avanza a paso de hombre. Una vez ahí estamos en medio de la naturaleza, y a su merced.

El viento es una constante en el sur patagónico, pero tuvimos la enorme suerte de pasar 3 días en los que apenas sopló una brisa.

Al día siguiente de llegar nos sorprendió un amanecer espectacular, en el que capté a Ricardo y Juanjo admirándolo:

Amanece en el Strobel

Pronto emprendimos el viaje a la bahía donde pasaríamos todo el día pescando, la cual estaba a 1 hora de viaje desde nuestra cabaña, y a la que bautizamos Francisco I porque fue justo cuando fue electo el Papa argentino:

Lago Strobel Bahía Francisco I

La pesca en la bahía era bastante simple, había que permanecer casteando en un lugar bastante acotado a la espera que pase el cardúmen, que era cuando comenzaba el pique. Manteniendo la disciplina se podían pescar unas 30 truchas por día similares a esta:

Ricardo con trucha arco iris del lago Strobel

O a esta:

Juanjo con trucha arco iris del lago Strobel la pesca.

Transcurrimos varias noches en ese parte de la Patagonia, donde se sucedieron anécdotas que quedarán en el recuerdo, y revivimos siempre que nos volvemos a encontrar.

Muchas gracias por mirar.

Mariano