Un encuentro inesperado

1992, Buenos Aires. Camino temprano un día de semana por avenida Callao, inmerso en el caos de la ciudad capital. Me molesta el tránsito, el humo de los escapes, los bocinazos constantes, los motores acelerando, los frenos chirriando al ponerse en rojo los semáforos. Escucho insultos. Y por todos lados los ceños van fruncidos. En mi cabeza resuena tan fuerte como el ruido de la ciudad la pregunta de por qué había tomado la decisión de ir a la universidad allá.

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