Noche en Bajo del Gualicho

El sábado pasado estuve en una muestra por el Día Mundial del Medio Ambiente en San Antonio Oeste, organizada por la Fundación Inalafquen. Lo pasé muy bien y, además de encontrarme con amigos y conocidos, tuve la suerte de conocer mucha gente interesante, como Salvador y su hija Lucía. Junto a ellos y mi amigo Narciso Pulpo Llahi, decidimos ir a la ruta provincial 2 a sacar fotos de esa noche en Bajo del Gualicho.

Como publiqué en una nota anterior, el Gran Bajo del Gualicho es la segunda depresión natural del hemisferio sur (¡y  además tenemos la primera! 🙂 ).

Hacía muchísimo frío esa noche, y luego de comprar queso, vino y pan para sobrellevar esas duras condiciones, partimos. Mi idea original era fotografiar la luna poniéndose al fondo de la salina, que en esta época del año tiene mucha agua y refleja la luz de nuestro satélite natural. Había visto en la aplicación PhotoPills que sucedería justo eso si esperábamos en un sector de la ruta asfaltada. Esta foto es un compuesto de dos, una en la que expuse correctamente la luna y la de abajo en la que calculé la luz para captar correctamente el reflejo en el agua:

Luna sobre Bajo del Gualicho

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Una imagen y doscientas palabras

“Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas,
más digo sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas”.
Martín Fierro, José Hernández.

Bajamos caminando del cerro que nos sirvió de mirador para presenciar el atardecer, uno más de los incontables desde que se creó este paisaje hace decenas de millones de años. Ya estábamos abrazados por la oscuridad.

Arriba nos habíamos maravillado con el volcán que dio origen a lo que nos rodeaba. Observamos en calma cómo cambiaron los colores del atardecer; fotografiamos el contorno de roca basáltica de la montaña; descubrimos precipicios y reconocimos las chimeneas volcánicas erosionadas durante eones, que nos recordaron a las del cerro Catedral; y otra vez fotografiamos la noche sobre la estepa patagónica.

La camioneta había quedado en el puesto abandonado que nos revelaron las imágenes satelitales, y al que un camino olvidado y escabroso nos había llevado con dificultad.

Sin apuro fuimos guardando todo el equipo que habíamos cargado montaña arriba. La aventura estaba empezando a terminar. Sentí que faltaba una foto más de ese lugar. Gustavo y Ken ya estaban listos para partir, pero de buena gana aceptaron mi propuesta de sacarnos una foto apoyados en la pared del rancho, probablemente habían tenido la misma sensación que yo. Los tres nos quedamos mirando fijamente la luna, aunque no nos lo habíamos propuesto. Arriba nuestro destacaba la Gran Nube de Magallanes.

Observadores de la estepa nocturna. Una imagen y doscientas palabras.

Un instante en el paraíso

«Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.»
Los conjurados: Prólogo, J. L. Borges.

Siempre trato de tener presentes las palabras de Borges, porque tengo una tendencia a dejar de apreciar las pequeñas cosas que nos hacen vivir esos instantes de paraíso. Creo fervientemente que si pudiera lograr una sucesión de esos acontecimientos estaría más cerca de una vida plena.

Les dejo un atardecer justo antes del invierno en el Alto Valle de río Negro:

La luna previa al invierno en el Alto Valle. Un instante en el paraíso.

Muchas gracias por mirar.

Mariano