Para volver a empezar

“Siempre hay dos personas en cada imagen: el fotógrafo y el observador.”
Ansel Adams, fotógrafo norteamericano

Me gusta viajar, no puedo estar mucho tiempo quieto. Pero cuando llega el momento del regreso, también lo disfruto. Es parte de un ciclo para volver a empezar.

Este regreso fue un poco apurado para mi gusto, en tres días estábamos de vuelta en General Roca luego de salir desde El Calafate con la casilla rodante a cuestas, que no permite un promedio de velocidad alto. Igualmente cuando nos encontrábamos con un paisaje que lo merecía, siempre parábamos a fotografiar. Les dejo las imágenes que más me gustaron.

En la primera nos detuvimos en uno de los miradores del Lago Argentino sobre la ruta 40:

Amanecer y despedida de Calafate

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Arco iris sobre la estepa

En nuestra cordillera, bien al Oeste sobre el límite con Chile, las precipitaciones anuales son mucho mayores que hacia el Este.

Los vientos húmedos dominantes que provienen del Pacífico se encuentran con las alturas de las montañas y descargan el agua de las nubes por rozamiento, al «chocar» con ellas. Una vez que las sobrepasan, ya no hay otras montañas contra las que puedan seguir haciendo llover o nevar, entonces las precipitaciones disminuyen marcadamente en cuestión de pocos kilómetros. A modo de ejemplo, en Villa La Angostura cae un promedio anual de 2000 mm, pero en Dina Huapi, cerca del final del Lago Nahuel Huapi y a 62 km al Sur Oeste, llueven tan sólo unos 400mm anuales (Ver mapa).

Salí con mucha lluvia desde Puerto Varas en Chile, crucé por el Paso Cardenal Samoré hacia Villa La Angostura con el cielo completamente cubierto y el limpiaparabrisas funcionando al máximo. Buenísimo para humedecer el bosque luego de los incendios que lo habían amenazado. Pero de a poco fue amainando el temporal hasta que llegué al desvío hacia Bariloche, cerca de Dina Huapi, ahí había claros entre las nubes y el sol filtraba rayos a través de ellas, formando un arco iris sobre la estepa:

Tormenta y arco iris en la estepa

El arco iris proyectaba una copia de sí mismo hacia arriba, como si no pudiera por sí sólo ser un marco impresionante para la escena.

Muchas gracias por mirar.

Mariano

Un bosque sumergido

Descubrí que existía un bosque sumergido en el lago Traful cuando era chico. La primera vez que fuimos de vacaciones a Villa Traful llevamos una lancha muy básica con la que mi viejo salía a pescar y al mismo tiempo nos servía para recorrer rincones alejados. Habrá sido a fines de los años 70, más o menos.

Eran mis épocas de lectura de novelas clásicas de aventura, como 20000 leguas de viaje submarino o Los náufragos del Jonathan, de Julio Verne; La isla del tesoro, de Stevenson; y muchos otros más. La idea de un bosque sumergido parecía salir de uno de estos libros fantásticos.

Me sorprendía cuando navegábamos sobre los restos de plantas que anteriormente habían estado sobre la superficie, pero que un cataclismo las había trasladado a las profundidades, al borde de un abismo. A pesar de mis conocimientos limitados pude darme cuenta de la fuerza de la naturaleza y sentir lo frágiles que somos.

Deseé fervientemente volver a este lugar para bucearlo. Pasaron muchos años, décadas… Regresé algunas veces al Traful pero por distintos motivos no lo había podido lograr. Pero a mi edad me sigo maravillando, los sueños pueden convertirse en realidad:

Un bosque sumergido en el lago Traful

Muchas gracias por mirar.

Mariano