Noche en Bajo del Gualicho

El sábado pasado estuve en una muestra por el Día Mundial del Medio Ambiente en San Antonio Oeste, organizada por la Fundación Inalafquen. Lo pasé muy bien y, además de encontrarme con amigos y conocidos, tuve la suerte de conocer mucha gente interesante, como Salvador y su hija Lucía. Junto a ellos y mi amigo Narciso Pulpo Llahi, decidimos ir a la ruta provincial 2 a sacar fotos de esa noche en Bajo del Gualicho.

Como publiqué en una nota anterior, el Gran Bajo del Gualicho es la segunda depresión natural del hemisferio sur (¡y  además tenemos la primera! 🙂 ).

Hacía muchísimo frío esa noche, y luego de comprar queso, vino y pan para sobrellevar esas duras condiciones, partimos. Mi idea original era fotografiar la luna poniéndose al fondo de la salina, que en esta época del año tiene mucha agua y refleja la luz de nuestro satélite natural. Había visto en la aplicación PhotoPills que sucedería justo eso si esperábamos en un sector de la ruta asfaltada. Esta foto es un compuesto de dos, una en la que expuse correctamente la luna y la de abajo en la que calculé la luz para captar correctamente el reflejo en el agua:

Luna sobre Bajo del Gualicho

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Proveer nuestra propia luz

Un texto de Gustavo Scattareggia.

«Asombrar con gestos amorosos a una persona que nos rechaza es, ante todo, una grosería.»
A. Dolina

El atardecer frente al mar apela al amor, al pensamiento profundo y a la presentación de Kung Fu. Estas referencias son deficientes en casi todos los aspectos: el amor es una superstición repentina y efímera que nada tiene que ver con la eternidad del océano; el pensamiento profundo es una distracción del aburrimiento; y David Carradine caminaba en el inicio del día y en un desierto, que es como una playa pero infinita.

Cuando vemos el atardecer, es también la oscuridad que se aproxima; es todas la cosas que no logramos; es el amor que se nos hizo imposible porque somos imposibles. Son las huellas que dejamos y se borran con las olas. (Si queremos dejar huellas eternas deberemos caminar por el desierto como Kwang Chang Kaine; sin el mar, será un sendero solitario).

Para ignorar esa indolencia un grupo de optimistas se ha inventado una farsa petulante y perezosa según la cual el universo conspira para lograr lo que queremos. Stanley Kubrick los rechaza con precisión: «El hecho más terrible del universo es que no es hostil, sino que es indiferente… no importa cuán vasta la oscuridad, debemos proveer nuestra propia luz».

La luz del día ha sido devastadora; el tenue atardecer es alucinante pero la oscuridad del universo empieza a rodearnos y es mejor asegurarse una luz propia. Pretender asombrarlo con gestos amorosos, sería una grosería.

Proveer nuestra propia luz

Muchas gracias por leer y mirar.

Mariano

PD: La foto es de este verano en Las Grutas, Río Negro.

Noches oscuras del alma

He aprendido que en las noches oscuras del alma, cuando experimento el sabor amargo de sentir por desdibujarse mi norte por circunstancias y momentos difíciles que me tocan vivir, sumados a la soledad de no estar con aquellas personas que ayudan a definir mi felicidad; cierro los ojos y emprendo un viaje hacia lo profundo del alma. Navego las profundidades buscando herramientas: mis cimientos, mis valores, mis fuerzas; y así cuando vuelvo a resurgir emprendo la marcha sin prisas y sin pausas en compañía de mi norte y mi fe que son el combustible de mi vida, que con seguridad me llevarán al puerto deseado del bienestar y la felicidad personal…

Texto: Pilar Castelli

Reflejos de la cordillera. Noches oscuras del alma

El lugar: Una laguna perdida en el norte neuquino.

Muchas gracias por mirar, y leer.

Mariano